{"id":176948,"date":"2023-02-15T12:28:24","date_gmt":"2023-02-15T12:28:24","guid":{"rendered":"https:\/\/develop.mercatflors.cat\/blog\/cumbres-borrosas-y-afectos-especiales-entre-desbordes-y-debord-por-roberto-fratini\/"},"modified":"2023-02-15T12:28:24","modified_gmt":"2023-02-15T12:28:24","slug":"cumbres-borrosas-y-afectos-especiales-entre-desbordes-y-debord-por-roberto-fratini","status":"publish","type":"blog","link":"https:\/\/develop.mercatflors.cat\/es\/blog\/cumbres-borrosas-y-afectos-especiales-entre-desbordes-y-debord-por-roberto-fratini\/","title":{"rendered":"&#8216;Cumbres borrosas y afectos especiales (Entre Desbordes y D\u00e9bord)&#8217;, por Roberto Fratini"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>No s\u00e9 qu\u00e9 tienen las flores, Llorona,<br \/>\n<\/em><em>las flores del camposanto,<br \/>\n<\/em><em>que cuando las mueve el viento<br \/>\n<\/em><em>parece que est\u00e1n llorando<\/em><\/p>\n<p><em>Dada<\/em> hab\u00eda presentido la urgencia de demoler a carcajadas la seriedad rid\u00edcula de la liturgia cultural. Hab\u00eda intuido que la \u00fanica respuesta posible a la org\u00eda de la falsa inteligencia es un ejercicio dr\u00e1stico de demencia; que pocas cosas son vulgares como el buen gusto cacareado por los decanos de la Cultura. Que la solvencia formal del \u201carte s\u00f3lido\u201d es s\u00f3lo el fantasma, el espejismo desplazado de una cosmovisi\u00f3n dominada por el carisma pecuniario del cr\u00e9dito y de otras \u201csolvencias\u201d, bastante menos finas. Que, si las pretensiones de seriedad del Arte son terminantemente rid\u00edculas, ser\u00e1 seriamente artista s\u00f3lo aquel que renuncia a tomarse en serio. La forma no va a ning\u00fan lado: irse al carajo sin falsos hero\u00edsmo es el m\u00e1s honrado de sus destinos posibles. Que sea claro, aqu\u00ed no hablamos de deconstrucciones, informalismos, conceptualismos, minimalismos y desmaterializaciones. No hay nada m\u00e1s mezquinamente burgu\u00e9s (y nada m\u00e1s \u00edntimamente capitalista) que el fetichismo del Concepto. La insensatez rasa y harapienta, libre de misiones, mandatos y mensajes, es m\u00e1s santa que todo eso. Porque si no pretende ni curarnos, ni aleccionarnos, ni siquiera entretenernos, puede al menos recordarnos que el arte no existe para implementar el banco mundial de los significados, sino para dinamitarlo.<\/p>\n<p>En el horizonte de sucesos de la danza y de la performance, actualmente tan embargado por urgencias de tipo inmunol\u00f3gico \u2013 y por una idea cretina de la \u201cCultura Vivida\u201d como Terapia preferente para un amplio espectro de dolencias sociales \u2013 los episodios de neodada\u00edsmo son infrecuentes y generalmente subliminales. Accidentes, del orden del lapsus y del desliz. Ofensas al buen gusto. Brotes psic\u00f3ticos y cables sueltos, que los cr\u00edticos y programadores se apresuran a \u201cponer en seguridad\u201d, reconduci\u00e9ndolos hacia alg\u00fan enchufe sem\u00e1ntico, de los que alimentan la corriente del discurso. A no ser que se electrocute el ni\u00f1o. Es por eso exiguo y esmirriado como un enjambre de luci\u00e9rnagas el cat\u00e1logo de artistas o piezas que, burlando los dispositivos de contenci\u00f3n, conforman esta antolog\u00eda de lo incontenible, de lo desbordado e irreconocible: <em>Endo <\/em>(2018) de David Wampach, <em>Conditions of Being a Mortal <\/em>(2013) de Hodworks, <em>Flam <\/em>(2018) de Roger Bernat, <em>Flamingos <\/em>(2019) de Albert Quesada, <em>Efeu <\/em>(2022) de Thomas Hauert (2023). Seguramente haya m\u00e1s. Y por supuesto <em>Desbordes<\/em> (2022) de Amaranta Velarde, que es dos cosas a la vez: un desbordamiento de la forma y una caricatura del desbordamiento como s\u00edndrome de la posmodernidad. Una pieza sin bordes, pues: sin labios, cejas, cornisas, vallas, cenefas, redes; o una pieza desbordante y desmadrada: sin motivos ni consecuencias, sin control ni autocontrol, <em>exagerada<\/em> adrede para re\u00edrse de nuestras exageraciones, de nuestros \u201cquiero-y-no-puedo\u201d; re\u00edrse asimismo de las causas espaciales y efectos especiales que se dan cita en nuestro inflad\u00edsimo concepto de \u201cperformance\u201d; poner al caldo, como un <em>wishful thinking<\/em> trasnochado, el mito de \u201cbuen gusto\u201d que vertebra nuestro ideario de danza; y desandando cierta idea funcionalmente \u201crom\u00e1ntica\u201d de coreograf\u00eda, devanar los devaneos de <em>cualquier<\/em> romanticismo, emotivo y cultural, existencial e institucional.<\/p>\n<p>Porque en alg\u00fan momento nos emocionaron muchas de las cosas que ahora tildar\u00edamos de <em>kitsch<\/em>. Algunas de nuestras estampas rid\u00edculas son producto de instantes que, en su tiempo, se antojaban m\u00e1gicos \u2013 y s\u00f3lo eran cursi -. En \u00e9pocas de inocencia y analfabetismo afectivo nos hemos descubierto enamoradizos y anacr\u00f3nicos, fatalmente trasnochados. Se dopa a vahos de naftalina, en cajones olvidados, el archivo sup\u00e9rstite de las dedicatorias engorrosas y versos mediocres que redactamos en un arrebato de despiadada autoindulgencia: un repertorio amarillento de \u201cmomentos inolvidables\u201d que el buen gusto nos pide olvidar, y que a pesar de todo no entregamos ni a las llamas ni al reciclaje. Porque todos fuimos h\u00e9roes, <em>just for one day<\/em>, y el arrepentimiento de hoy no nos cura del vicio de preciar como una reliquia todo aquello &#8211; canci\u00f3n paisaje flor cuadro gesto minuto segundo \u2013 que, emocion\u00e1ndonos hasta las l\u00e1grimas, nos convirti\u00f3 durante una temporada en sujetos de lujo. Superada la fase exantem\u00e1tica, el sentimentalismo sigue aguardando en el organismo como un virus durmiente: espera p\u00e9rfidamente la coyuntura clim\u00e1tica que le permita desplegar sus poderes de simplificaci\u00f3n. Un c\u00e1lido recoveco de autocomplacencia y sensibilidad donde, con tal de no sentirnos perfectamente malvados, volvemos peri\u00f3dicamente a llorarnos encima. Servidores d\u00f3ciles del cinismo del mundo, nos agarramos con una especie de fetichismo a la \u201clibertad de emocionarnos\u201d. Pocas cosas son tan estructuralmente obscenas como la delicadeza emocional de las almas que se creen muy bellas en mundos que se saben muy feos. Pregonada con furor por todas las cadenas de televisi\u00f3n, la emoci\u00f3n es el fetiche de los sistemas psic\u00f3patas. Ani\u00f1arse es el pasatiempo de las sociedades decr\u00e9pitas. Y los tiempos de pesadilla rebosan de so\u00f1adores acreditados. El doctor Mengele, durante las selecciones en Auschwitz, se distra\u00eda canturreando la <em>Traumerei <\/em>de Robert Schumann.<\/p>\n<p>En resumen, todos fuimos alg\u00fan d\u00eda muy individualmente pasmosos, anacr\u00f3nicos y <em>kitsch<\/em>. Pero hay \u00e9pocas de la sensibilidad colectiva en las que la turgencia sentimental, el caudal de las emociones, los desbordamientos de sensibilidad y la ley hidr\u00e1ulica de la <em>efusi\u00f3n<\/em> se vuelven moda, consenso, baremo de prestigio social o moral. El Romanticismo fue una \u00e9poca de \u00e9sas. En muchos aspectos los dec\u00e1logos emocionales de hoy d\u00eda, junto con nuestros anticonformismos de baratija y nuestra disidencia de pl\u00e1stico, s\u00f3lo son postrimer\u00edas de un paradigma que, all\u00e1 por el comienzo del siglo XIX, brind\u00f3 el primer producto psico-social de m\u00e1xima audiencia, el primer efecto especial de la sociedad de consumo: una ac\u00fastica del alma de masas, una <em>Stimmung <\/em>colectiva que nos hizo avergonzar de haber podido ser en alg\u00fan momento insensibles, calculadores, fr\u00edos. Y nos ense\u00f1\u00f3 a ali\u00f1ar el pan comido del capitalismo en ciernes con aspersiones masivas y gratuitas de sentimientos sublimes. La <em>Romantik<\/em> fue s\u00f3lo un prolongamiento de la Ilustraci\u00f3n con medios irracionales: nos persuadi\u00f3 de que, agotados todos los argumentos racionales para ser buenos, el \u201clado humano\u201d pod\u00eda sostenerse con argumentos holgadamente irracionales. Las buenas almas se pretendieron bonitas, e hicieron alarde de su impresionabilidad como de un certificado de excelencia moral.<\/p>\n<p>Si en suma se antojan anacr\u00f3nicos y kitsch los Neoromanticismos en los que ha delinquido peri\u00f3dicamente el imaginario de la Modernidad es porque tambi\u00e9n el Romanticismo fue, en sus or\u00edgenes, maravillosamente anacr\u00f3nico y bastante kitsch. Un rastrillo de flores, tumbas, tormentas, naufragios, malhumores y malamores. Una inconmensurable, abovedada c\u00e1mara ecoica de amplificar suspiros, enfatizar obviedades y pandear subjetividades, mientras el mundo se va al garete.<\/p>\n<p>Dos siglos de guerras, genocidios y pillaje no nos han persuadido a desconfiar de la inmunolog\u00eda emocional: seguimos pens\u00e1ndonos como sujetos sensibles y debidamente intensos. Tras consolidarse como <em>status symbol<\/em> la introspecci\u00f3n, nuestro ombligo nos fascina como una peli de culto. Pasmarnos es imperativo interior y ley de mercado. Y nuestras emociones, que son de hecho <em>emisiones<\/em>, se transmiten en banda ancha: son redundantes porque la redundancia es garant\u00eda de se\u00f1al. Agentes de <em>spam<\/em> emocional, el licor de nuestras efusiones inunda las redes. Y la cosa llamada Cultura es donde exhibimos con m\u00e1s destreza ciertos diplomas de hiper-sensibilidad: somos en suma espectadores hist\u00e9ricos por hipocres\u00eda, e hip\u00f3critas por histeria. Siempre ben\u00e9volos, invariablemente omn\u00edvoros, sedientos de alboroto, hambrientos de esc\u00e1ndalos consumibles. Nos hemos hecho todos unos atletas de la <em>standing ovation<\/em>, raudos en calificar de <em>odas a la vida<\/em> y <em>eventos rompedores<\/em> las sopas de ajo del banquete cultural. Porque s\u00f3lo una audiencia radicalmente cretina y neoc\u00ednica puede ansiar con tanta obstinaci\u00f3n que la traten de inteligente y bondadosa. S\u00f3lo los esclavos de remate necesitan patentes diarias de libertad. Hemos musicalizado el analfabetismo moral y la impotencia pol\u00edtica porque la melod\u00eda de los sentimientos vuelve potable hasta la letra m\u00e1s demencial. Coraz\u00f3n en mano y cabeza en casa, guardadita. Nunca admitir\u00edamos nuestra invencible pasi\u00f3n por lo peor. As\u00ed lo buscamos en mil suced\u00e1neos de alta gama: el resultado es que nuestra econom\u00eda espiritual es rematadamente pornogr\u00e1fica, y nuestros <em>thrills <\/em>intelectuales son por lo general tr\u00e1gicamente vulgares.<\/p>\n<p>Hurgando, como en un reactor de escoria radioactiva, en el vertedero de intensidades de los romanticismos habidos y por haber, oficiales y particulares, <em>Desbordes<\/em> puede describirse como una liturgia de desinhibici\u00f3n del histrionismo emotivo: de ese hero\u00edsmo casero que, en las debacle de la civilizaci\u00f3n, empuja a unos cuantos a patearse con look novelesco sus cumbres borrascosas de bolsillo; a empapelar de estrellitas su cueva interior; a suicidarse a gusto y a repetici\u00f3n porque la Nada est\u00e1 de rebaja. A bailar sin saberse los pasos. A verse y sentirse como un aumento de realidad. <em>Desbordes <\/em>es a la turbiedad del alma lo que un Dj set de pol\u00edgono industrial a una noche sin estrellas: la c\u00e1psula prefabricada donde los apocados pueden pasarse emotivamente de decibelios, coloc\u00e1ndose de la droga de s\u00edntesis que son, conmovi\u00e9ndose a la simple idea de conmoverse, para que esta conmoci\u00f3n aut\u00f3gena suene estridente y atronadora como un retorno de micro en las tinieblas artificiales y dr\u00e1sticas del fiest\u00f3n permanente.<\/p>\n<p><em>Desbordes <\/em>es cat\u00e1rtico, abyecto y festivo: dice en el fondo que nuestro sentimentalismo residual es una borrachera de desasosiego, un carnaval an\u00edmico que no sabe terminar: se agarra a cualquier cosa y lo aprovecha rigurosamente todo. Sobreactuar nuestra reactividad emotiva es en s\u00ed tan bals\u00e1mico, tan vertiginoso, que la pantomima emocional termina por emocionarnos \u201cde verdad\u201d. Somos extrovertidos y llorones como concursantes de reality. Por eso, la palabra Romanticismo y Neoromanticismo evoca en una rendici\u00f3n incondicional del occidente posilustrado al gustillo de hacer de tripas coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>El Romanticismo marc\u00f3 la primera fractura irreversible entre el sujeto como espacio potencial, y la Historia como tiempo actual. Viendo, ante el ascenso irresistible de los imperialismos, industrialismos y consumismos modernos, esfumarse el sue\u00f1o de tomar las riendas de la historia y transformar el mundo, unos cuantos optaron por trasladar al escenario holgado de la vida interior todas las turbulencias con las que hab\u00edan osado so\u00f1ar; por darse a s\u00ed mismos el espect\u00e1culo dr\u00e1stico de una subjetividad incontenible y atrevida, o de un tit\u00e1nico victimismo. A todos los hu\u00e9rfanos de la acci\u00f3n qued\u00f3 el consuelo de la gesticulaci\u00f3n. Las cr\u00f3nicas de lo sublime rom\u00e1ntico son sobre todo cr\u00f3nicas de c\u00f3mo un mundo de causas insuficientes \u2013 y a menudo endebles \u2013 pudo fomentar un repertorio inagotable de efectos suficientes; o de c\u00f3mo la inanidad \u00e9tica de toda una generaci\u00f3n desencantada consigui\u00f3 por primera vez transfigurarse en eficiencia est\u00e9tica. A veces deficiencia. Despu\u00e9s de todo, el kitsch hollywoodiense, tal y como se ven\u00eda perfilando en los cuadros de Kaspar Friedrich y en los poemas de Heinrich Heine, fue la primera est\u00e9tica preterintencional de la modernidad: los j\u00f3venes rom\u00e1nticos no habr\u00edan admitido nunca el car\u00e1cter de premeditaci\u00f3n de sus sentimientos excesivos, de sus horizontes demasiado brumosos, de su fragilidad patol\u00f3gica. Se conformaban con manifestar en todo momento el prop\u00f3sito t\u00e9cnicamente suicida (y sustancialmente pasivo-agresivo) de ver qu\u00e9 se les deparaba m\u00e1s all\u00e1 del l\u00edmite.<\/p>\n<p>El desmayo de los rom\u00e1nticos, que consiste en afectar un afecto, s\u00f3lo confirma que el multiverso subjetivo de los efectos y afectos puede preceder y producir el universo objetivo de las causas y de las cosas. Vivieron con obstinaci\u00f3n la impaciencia, el arrojo, el estruendo del significante; y si pisaron con derroche el pedal del piano \u2013 el efecto especial m\u00e1s representativo de la \u00e9poca y de sus fetiches ac\u00fasticos \u2013 fue porque el deseo de plasmar el infinito fomenta naturalmente exageraciones y \u00e9nfasis de cariz oper\u00edstico.<\/p>\n<p>Nacido de la imposibilidad de acometer revoluciones reales y de la propensi\u00f3n compensatoria a revolucionarse, el Romanticismo contribuy\u00f3 a la historia de la pulsi\u00f3n de muerte con una cosmovisi\u00f3n en la que al tiempo lineal de la historia externa y fenom\u00e9nica respond\u00eda, desde las mazmorras de la interioridad, un tiempo fenomenal y literalmente \u201crevolucionado\u201d, hecho de introversiones, retornos, repeticiones, intensificaciones, amplificaciones y \u201caumentos de volumen\u201d. \u00bfCabe recordar que la <em>Romantik<\/em> esgrimi\u00f3 un paisaje musical generosamente aromatizado por la esencia del <em>lied<\/em>, lejano precursor de cualquier balada mel\u00f3dica? Es rom\u00e1ntico el copyright espiritual del disco de vinilo. \u00a0Es tambi\u00e9n rom\u00e1ntica la propiedad intelectual de la clase de pastilla an\u00edmica que nos hemos acostumbrado a asumir en el formato \u00e1gil de la canci\u00f3n sentimental. Lacas y gominas son ahora al estilismo de todo quisque lo que una noche de composici\u00f3n tempestuosa fue a la cabellera de Beethoven y Berlioz. La obsesi\u00f3n por transformar en pathos la mec\u00e1nica de un mundo sin alma se ha traducido en mec\u00e1nicas habilitadas para erogar pathos.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, t\u00e9cnicas y tecnolog\u00edas del aspaviento an\u00edmico y de la sobresaturaci\u00f3n expresiva vuelven a presentarse siempre que una generaci\u00f3n decide vivir como una ocasi\u00f3n autocosm\u00e9tica la experiencia de verse derrotada, precarizada, marginalizada por los desajustes de la Realpolitik, La cosa es que, si unos cuantos rom\u00e1nticos genuinos llegaron a matarse con tal de rescatar la mentirijilla de toda una existencia subida de tono, los neorom\u00e1nticos no tendr\u00edan siquiera este \u00faltimo resquicio de buen gusto. Lo suyo ser\u00eda m\u00e1s bien desposeerse a conciencia de toda credibilidad, zarpando para los oc\u00e9anos de una belleza descontrolada, mientras se observaban naufragar hermosamente desde los muelles de la moda juvenil. Creer\u00edan como nadie en la magia de cre\u00e9rselo.<\/p>\n<p>No es de extra\u00f1ar que, a casi dos siglos de la Romantik DOP, se etiquetara precisamente como <em>New Romantic<\/em> la corriente musical, social, y visual que los j\u00f3venes ingleses acu\u00f1aron como reacci\u00f3n \u2013 m\u00e1s o menos intencional &#8211; al <em>desangelio<\/em> Neoconservador del gobierno Thatcher. El <em>trend<\/em> fue muy blandamente idealista y muy escasamente ideol\u00f3gico: sintom\u00e1tico cual era de un creciente derrotismo socioecon\u00f3mico, el <em>New Romantic<\/em> inaugur\u00f3 por todo lo alto (y desde la bajeza de los a\u00f1os 80) cuatro d\u00e9cadas de deterioro del instinto pol\u00edtico y de desmantelamiento del esp\u00edritu de convivencia. Fue pionero en amenizar el \u201csalve quien pueda\u201d del neoliberalismo rampante. Si el Romanticismo hist\u00f3rico hab\u00eda desplegado una introversi\u00f3n de los comportamientos heroicos (construir paisajes interiores din\u00e1micos a falta de haza\u00f1as reales en un mundo aburguesado y cada vez m\u00e1s resignado al reparto tradicional de poderes), la especialidad del New Romantic fue acometer una versi\u00f3n horizontal, apocada y la vez mundanal de la misma maniobra de desplazamiento; cambiar introversi\u00f3n por extroversi\u00f3n y abismos por escaparates. La fiesta de apertura del Blitz de Londres, la cuna del movimiento, titulada emblem\u00e1ticamente \u00abA Night for heroes\u00bb (de hecho, un homenaje a \u00abHeroes\u00bb de David Bowie) anunciaba a bombo y platillo que la respuesta al cutrer\u00edo nacional ser\u00eda de ahora en adelante un obstinado ejercicio de sublimidad casera y gloria perecedera.<\/p>\n<p>Si el movimiento <em>punk<\/em> hab\u00eda traducido en un desali\u00f1o alevoso y patol\u00f3gico el abatimiento de los 70, el New Romantic procur\u00f3 curtir el mismo desasosiego en la salaz\u00f3n ochentera de un pesimismo m\u00e1s apetitoso y <em>vintage<\/em>: la depresi\u00f3n moderna que, en palabras de Susan Sontag, hab\u00eda sido melancol\u00eda sin los encantos de la melancol\u00eda, evaporaba en el encanto discreto y regresivo de una <em>nueva melancol\u00eda<\/em> \u2013 de una depresi\u00f3n sin los desencantos de la depresi\u00f3n -. Pianos blancos derrochando niebla sint\u00e9tica en los extrarradios de Avalon.<\/p>\n<p>Con su pasi\u00f3n desafortunada y enternecedora por las emociones, los tejidos y los sonidos de s\u00edntesis (del brillibrilli de la lycra al fulgor <em>synth-pop<\/em> de unos teclados electr\u00f3nicos nunca tan baratos), la generaci\u00f3n New Romantic se apunt\u00f3 masivamente a convertir el pesimismo socioecon\u00f3mico en <em>Look<\/em> y <em>Sound<\/em>. Cierto es que la religi\u00f3n <em>psi<\/em> de la posmodernidad hab\u00eda desautorizado los histrionismos sentimentales (alguien puso en circulaci\u00f3n la mandanga de la \u201cinteligencia emocional\u201d); y que la eternidad se encontraba en horas bajas. Por ende, el sentimentalismo de nuevo cu\u00f1o fue m\u00e1s que nunca pathos del accesorio, brillo de la superficie, aspaviento <em>glam<\/em>. La extravagancia del look y el \u00e9nfasis del complemento (<em>jabots<\/em>, chorreras, solapas, flecos, encajes, volants y cardados aerost\u00e1ticos) delataban la pulsi\u00f3n irresistible por encauzar el hero\u00edsmo hacia el lado m\u00e1s ef\u00edmero y m\u00e1s fotog\u00e9nico de los signos. El retrato a caballo se vio remplazado por el reportaje de moda. Las chapas (una obsesi\u00f3n de la corriente) se convirtieron en medallas y condecoraciones para oficiales y h\u00e9roes de una guerrilla glam. <em>Wild Boys<\/em>, <em>Through the Barricades<\/em> y todo el cotarro. Palabras como <em>Look <\/em>y <em>Sound<\/em>, precisamente, se cargaron de un carisma gestual, una irresistible promesa de contundencia y suntuosidad casquivana.<\/p>\n<p>Asimismo, lo que hiere el o\u00eddo y ofende los sentidos en el horrendo <em>sound<\/em> de artistas como Gazebo, Limahl, Richard Clayderman o los Spandau Ballet, es el desinhibido brillo sint\u00e9tico de los registros utilizados: un centelleo barato y pueril, hermano del golpe machac\u00f3n de bater\u00eda electr\u00f3nica (que tambi\u00e9n triunfaba). Ambos no eran m\u00e1s que una met\u00e1tesis ac\u00fastica de la lycra, del lam\u00e9 y de la viscosa \u2013 emblemas, en los mismos a\u00f1os, de una idea de indumentaria suntuosa y casquivana -. Si existe una <em>Stimmung New Romantic<\/em>, se ve definida a todos los niveles por el abuso, literal y figurado, del <em>falsete<\/em>. A diferencia de la voz modificada quir\u00fargicamente del <em>castrato<\/em> tradicional (que apuntaba a tergiversar b\u00e1rrocamente una herencia fisiol\u00f3gica), el falsete ochentero presentaba la mutaci\u00f3n del registro vocal como un fen\u00f3meno naturalmente sublime: atormentar los harm\u00f3nicos del alma (m\u00e1s sensible que cualquier cuerda de viol\u00edn), convert\u00eda la emasculaci\u00f3n pol\u00edtica en resplandor de segundo nivel, elocuencia <em>over the top<\/em>. Y como si fuera destino que todo se subsumiera en imagen y posado, tambi\u00e9n la voz se hizo m\u00e1scara: un empleo indiscriminado, difuso y desacomplejado del play-back permiti\u00f3 que a largo plazo la naciente MTV se alzara como la Pravda del nuevo totalitarismo espectacular. El <em>New Romantic <\/em>demostr\u00f3 que la miseria de los medios puede, seg\u00fan las circunstancias, presentarse como un dandismo salido de rosca, una indigencia compulsiva y llena de recursos. No es verdad que el espect\u00e1culo <em>debe<\/em> continuar. Es que <em>no sabe<\/em> terminar.<\/p>\n<p>Claro que, a la hora de elaborar un bestiario digno de la nueva oleada de videoclips, volviera a ponerse de moda el caballo (blanco, <em>please<\/em>), el animal her\u00e1ldico por definici\u00f3n: en los 80 los j\u00f3venes de clase trabajadora preferimos imaginarnos como duques y marquesas desterrados antes que como burgueses en ciernes aquejados de un brote hist\u00e9rico. Y de caballo en caballo, de castillo en castillo, la corriente termin\u00f3 siendo un <em>booster<\/em> para todo aquel giro <em>fantasy<\/em> (de <em>Dungeons &amp; Dragons<\/em> a las pamplinas de <em>Narnia<\/em>) que, una d\u00e9cada despu\u00e9s, mecer\u00eda el imaginario colectivo en un ensue\u00f1o de fabulosa infantilizaci\u00f3n, y en los \u00faltimos suspiros celtas del milenio (la atroz Enya digitalizando el <em>mood <\/em>arturiano en una inundaci\u00f3n de pubs irlandeses). El neoliberalismo no ten\u00eda otro programa cultural que volvernos rom\u00e1nticamente analfabetas. Siempre hay flores acechando en el horizonte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Roberto Fratini<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/develop.mercatflors.cat\/es\/espectacle\/desbordes\/\"><span style=\"color: #0000ff;\">Amaranta Velarde presenta Desbordes en el Mercat de les Flors del 23 al 25 de febrero de 2023<\/span><\/a><\/p>\n<p>\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda:<\/strong><\/p>\n<p>Franco \u201cBifo\u201d BERARDI, <em>H\u00e9roes. Asesinato masivo y suicidio<\/em>, Akal, 2016.<\/p>\n<p>Benet CASABLANCAS, <em>Paisajes del Romanticismo musical<\/em>, Galaxia Gutenberg, 2020.<\/p>\n<p>Paolo D\u2019ANGELO, <em>La tirannia delle emozioni<\/em>, Il Mulino, 2020.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 D\u00cdAZ FERN\u00c1NDEZ, <em>El nuevo Romanticismo<\/em>, Stockcero, 2013.<\/p>\n<p>Dylan JONES, <em>Sweet Dreams: From Club Culture to Style Culture. <\/em><em>The Story of the New Romantics<\/em>, Faber &amp; Faber, 2020.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Links V\u00eddeo:<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/vimeo.com\/261020221\">https:\/\/vimeo.com\/261020221<\/a> (Teaser David Wampach, <em>Endo<\/em>, 2018)<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/vimeo.com\/103638236\">https:\/\/vimeo.com\/103638236<\/a> (Teaser Hodworks, <em>Conditions of Being a Mortal<\/em>, 2015)<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=HbMiuvsO7OM\">https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=HbMiuvsO7OM<\/a> (memoria v\u00eddeo, Roger Bernat\/FFF, <em>Flam<\/em>, 2018)<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=1zgwyeI1Vzw\">https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=1zgwyeI1Vzw<\/a> (Teaser Albert Quesada, <em>Flamingos<\/em>, 2019)<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=VlQemBRRbQM\">https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=VlQemBRRbQM<\/a> (Teaser Thomas Hauert, <em>Efeu<\/em>, 2023)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8216;Desbordes&#8217; es dos cosas a la vez: un desbordamiento de la forma y una caricatura del desbordamiento como s\u00edndrome de la posmodernidad<\/p>\n","protected":false},"featured_media":176378,"template":"","categoria":[6471],"etiqueta_blog":[],"class_list":["post-176948","blog","type-blog","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","categoria-temporada-2022-23"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v22.6 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>&#039;Cumbres borrosas y afectos especiales (Entre Desbordes y 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