{"id":116618,"date":"2018-02-12T12:22:38","date_gmt":"2018-02-12T12:22:38","guid":{"rendered":"https:\/\/develop.mercatflors.cat\/blog\/?p=1286"},"modified":"2023-06-15T09:46:32","modified_gmt":"2023-06-15T09:46:32","slug":"puntos-de-un-boletin-para-navegantes-por-roberto-fratini","status":"publish","type":"blog","link":"https:\/\/develop.mercatflors.cat\/es\/blog\/puntos-de-un-boletin-para-navegantes-por-roberto-fratini\/","title":{"rendered":"&#8216;Puntos de un bolet\u00edn para navegantes&#8217;, por Roberto Fratini"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Aquellos que primero inventaron y m\u00e1s tarde nombraron las constelaciones fueron narradores. Trazar una l\u00ednea imaginaria entre un grupo de estrellas las dot\u00f3 de una imagen y una identidad (\u2026) Imaginar las constelaciones no cambi\u00f3 las estrellas, por supuesto, ni tampoco el negro vac\u00edo que las rodea. Lo que s\u00ed cambi\u00f3 fue la manera en que la gente comenz\u00f3 a leer el cielo nocturno.<br \/>\n<\/em><strong>John Berger<\/strong><\/p>\n<p>Para que no haya, de entrada, confusiones: una constelaci\u00f3n NO ES, como suele creerse, un patr\u00f3n de puntos visibles (las estrellas) y de los trazos invisibles que unen esos puntos. Lo que acabo de describir se llama, t\u00e9cnicamente, <em>asterismo<\/em> (y una constelaci\u00f3n puede poseer varias de estas estructuras \u201cdiscretas\u201d. Sin ir m\u00e1s lejos, Andr\u00f3meda contiene al menos\u00a0 3). Si el n\u00famero de estrellas que configuran un asterismo es por obvias razones cerrado, no hay l\u00edmite permanente al n\u00famero de estrellas que puedan emplazarse o rastrearse en una constelaci\u00f3n. Por mucho que diferentes culturas se esmeraran en dar fantasiosamente raz\u00f3n de los trazados que cre\u00edan vislumbrar en el firmamento cuando anochec\u00eda, a cada una de esas figuras la punter\u00eda y fisgoner\u00eda creciente de los telescopios ha a\u00f1adido una hueste de nuevas estrellas suficientemente conspicua como para emborronar cualquier dibujo. En astronom\u00eda, la palabra <em>constelaci\u00f3n<\/em> define m\u00e1s bien un sector o volumen de espacio, alrededor de la figura astrol\u00f3gica del mismo nombre, que incluye todas sus estrellas conocidas, (sus alfas y omegas &#8211; ordenadas por grado de luminosidad), y todos los astros que, a\u00fan por conocer, pronto o tarde aparecer\u00e1n dentro del mismo trecho de cielo. Puede por eso que una constelaci\u00f3n parezca muy progresiva y acumulativa. La verdad es que algunas de sus estrellas, cuando se las vea, ya estar\u00e1n muertas: habr\u00e1 de cualquier forma merecido la pena asignarlas retrospectivamente a la regi\u00f3n de cielo en la que resplandecieron secretamente, sin casi un nombre para celebrarlas.<\/p>\n<p>Una constelaci\u00f3n del Mercat es un fen\u00f3meno del mismo tipo: no define propiamente una \u201cfamilia\u201d de creaci\u00f3n &#8211; y no pretende sugerir la clase de \u00e1rbol geneal\u00f3gico, hecho de filiaciones o jerarqu\u00edas, que los historiadores adoran cultivar -. M\u00e1s bien re\u00fane, alrededor y dentro de un trecho de po\u00e9tica que haya conseguido hacerse reconocer por su originalidad, y por su capacidad de irradiar un vasto entorno de creaci\u00f3n, todas las singularidades po\u00e9ticas, todos los formatos y sistemas de relaci\u00f3n que de alguna manera remiten a ese \u00e1mbito, incluidos los que todav\u00eda quedan por descubrir, los que a\u00fan no tienen nombre, los que apenas se vislumbran, y los que ya no est\u00e1n. Si esta constelaci\u00f3n en particular (la primera sobre la que el Mercat haya decidido dirigir su telescopio desde Montju\u00efc) se llama Hauert, es porque Thomas Hauert es el asterismo que vertebra de parte a parte la parte de cielo que observamos. Si se llama Hauert &#8211; a\u00f1adir\u00e9 &#8211; es porque las constelaciones son ep\u00edtome de eso que la f\u00edsica llama \u201cestructura discreta\u201d (dicho de toda estructura que, sobre un trasfondo de uniformidad, configure una diferencia): la discreci\u00f3n es, en muchos sentidos, el aspecto m\u00e1s proverbial de una trayectoria estelar como la de Thomas Hauert.<\/p>\n<p>Las constelaciones &#8211; no hay que olvidarlo &#8211; se\u00f1alan espesores abisales de espacio y vertebran un volumen infinito de ocurrencias: imaginarlas bordadas como un pespunte en la superficie interna de la \u00faltima esfera celeste es una hermosa fantas\u00eda de la cosmolog\u00eda medieval. Las constelaciones reales vertebran un volumen infinito de espacio: son m\u00e1s \u201clugares de emergencia\u201d que cartograf\u00edas de conexi\u00f3n. Y el parentesco que el l\u00e1piz del astr\u00f3nomo traza entre sus puntos de luz es f\u00e1cilmente enga\u00f1oso: algunos de esos puntos son galaxias; otros ni siquiera son estrellas; esconden incontables agujeros negros en los bolsillos, y la distancia real desde la tierra llega a medirse, para cada uno de ellos, con diferencias del orden del mill\u00f3n de a\u00f1os luz. Nadie puede afirmar que las luces m\u00e1s brillantes se correspondan a las estrellas m\u00e1s grandes. Todo, all\u00ed, es bastante relativo. A\u00fan as\u00ed, ninguna cultura puede (ni debe) resistirse a la tentaci\u00f3n de constelar conjuntos de sentido, y un sentido del conjunto, en este caos de heterogeneidad; o a la tentaci\u00f3n de rastrear alguna sincron\u00eda, alguna forma de harmon\u00eda, alg\u00fan orden de representaci\u00f3n entre fen\u00f3menos tan remotos, tan realmente alejados entre s\u00ed. Todos ellos son, al fin y al cabo, cataclismos de dimensiones tit\u00e1nicas en alg\u00fan punto inh\u00f3spito de la ruta Star Trek. No puede imaginarse nada m\u00e1s catastr\u00f3fico &#8211; o m\u00e1s solitario &#8211; que una estrella. Y nada que resulte m\u00e1s pac\u00edfico cuando se lo observa de lejos y en buena compa\u00f1\u00eda.\u00a0 Probablemente la astronom\u00eda sea la ciencia m\u00e1s humana. Cada cultura ha proyectado en el cielo sus propios nombres, para reconocerse en \u00e9l y, en cierta medida, para ordenar all\u00ed su pasado, y deducir de all\u00ed su futuro.<\/p>\n<p>Una constelaci\u00f3n del Mercat ser\u00e1 una conjetura del mismo tipo: se abstendr\u00e1 de hacer consuntivos de un historial o de un patr\u00f3n de creaci\u00f3n (y de los historiales y patrones que flotan por su espacio po\u00e9tico); pero apostar\u00e1 por la hip\u00f3tesis de que sus luces lejanas reflejen una imagen virtual de lo que somos; y que observarlas pueda ayudarnos a imaginar, o a desear, c\u00f3mo seremos. Ser\u00e1 <em>proyecto<\/em> a la vez que <em>proyecci\u00f3n<\/em> &#8211; como el firmamento, que las civilizaciones han supeditado, seg\u00fan el esp\u00edritu del tiempo, al mito o a al geometr\u00eda:<\/p>\n<p><em>Si la cosmolog\u00eda ptolemaica gust\u00f3 de transcribir en las estrellas el repertorio m\u00edtico de la antig\u00fcedad, la astronom\u00eda ilustrada de Nicolas Louis de Lacaille, en el siglo XVIII, no ha inscrito con menos terquedad, en el firmamento, los nombres de los engendros e instrumentos reci\u00e9n introducidos por la ciencia experimental (cincel, comp\u00e1s, horno qu\u00edmico, reloj, microscopio, etc.). Alguien hace tiempo elabor\u00f3 una versi\u00f3n de globo celestial usando los personajes de Alicia en el pa\u00eds de las maravillas. Y no era menos persuasiva que las cartograf\u00edas oficiales.<\/em><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de todo, si anuncian el vacio al que se sustrae su luz, es tambi\u00e9n porque las constelaciones <em>resisten<\/em> a ese vac\u00edo (y en cierta medida <em>lo<\/em> resisten<em>, <\/em>le permiten perseverar en su ser). Por eso, tal vez, los mejores mitos antiguos acaban en episodios de <em>catasterismo<\/em>: la clase de metamorfosis que convierte en estrella o en grupo de estrellas una figura, un objeto, un h\u00e9roe o hero\u00edna; la siembra de luz que queda tras las grandes desapariciones.\u00a0 No hay historia, ni historia de un arte, ni historia de un arte como la danza que no sea una ca\u00edda libre en el pozo de la impermanencia: las estrellas son testimonios y excepciones de ese olvido implacable (o de ese olvido generoso): todas atestiguan de la lucha por una supervivencia del significado; todas dan formas a lo invisible. Y todas, cuando anochece, orientan los navegantes, como diosas severas, silenciosas, precisas:<\/p>\n<p><em>\u2026la br\u00fajula de los antiguos polinesios no era, como los sextantes y astrolabios de los occidentales, un objeto que se pudiera sujetar con las manos, sino que estaba en sus cabezas. (\u2026) los polinesios sab\u00eda que estaban en Haw\u00e1i cuando ve\u00edan la luz anaranjada de Arturo, para ellos Hakoule\u2019a o \u201cestrella de la alegr\u00eda\u201d, sobre sus cabezas. Cuando se dirig\u00edan hacia el sur, la estrella descend\u00eda gradualmente. Y cuando se encontraban remando directamente bajo la luz blanca de Sirio sab\u00edan que, finalmente, hab\u00edan llegado a Tahit\u00ed. <\/em>(Susanna Hislop)<\/p>\n<p>Alejado resplandor de mil soles ah\u00ed arriba, o luci\u00e9rnagas pasolinianas aqu\u00ed bajo: se\u00f1ales de un acto de resistencia y de un esfuerzo por guiar y guiarnos en el desastre que arrecia (<em>desastre<\/em>, por cierto, significa esto: <em>des-astra<\/em>, p\u00e9rdida de estrellas, o ca\u00edda desde las estrellas). Habr\u00e1 cielos estrellados siempre y solo a condici\u00f3n de que algo se haya <em>estrellado<\/em>. Habr\u00e1 <em>\u00e9toilement <\/em>solo a condici\u00f3n de que haya <em>\u00e9tiolement.<\/em> Y por eso, porque las estrellas dicen de una desaparici\u00f3n, no hay constelaci\u00f3n donde no haya capacidad de silencio y <em>katapausis<\/em>, de discreci\u00f3n o suspensi\u00f3n del discurso: por mucho que esta libreta rebose informaci\u00f3n, el sentido de la constelaci\u00f3n que introduce (y de todas las constelaciones que seguir\u00e1n) queda supeditado a la contemplaci\u00f3n. O a eso que cierta filosof\u00eda ha llamado <em>Aufhebung <\/em>(subsumir de un fen\u00f3meno todo lo que sea pasible de contemplarse transcendentalmente, en s\u00ed). Los griegos bautizaron <em>epokh\u00e9<\/em> este par\u00e9ntesis de contemplaci\u00f3n: es tambi\u00e9n la palabra que los astr\u00f3nomos utilizan para definir el apogeo (el punto m\u00e1s alto) de una estrella en nuestro cielo. Walter Benjamin volvi\u00f3 a invocarla para afirmar que el sentido de la historia y de su turbulencia meta-cr\u00f3nica s\u00f3lo pudiera captarse sorprendiendo el presente \u201ccomo suspensi\u00f3n\u201d: acallando el ruido de fondo; revocando, en un instante de apnea concentrada, la fatal inmersi\u00f3n de todo presente en lo ef\u00edmero. No hay ojo m\u00e1s grande ni m\u00e1s abierto que el de los animales nocturnos y nict\u00e1lopes. Las constelaciones del Mercat, an\u00e1logamente, solo presentan un trecho brillante de actualidad para \u201cllamar en presencia\u201d lo m\u00e1s intemporal de nuestro presente.<\/p>\n<p>Su sentido, como ocurre cuando se observan las estrellas reales, fraguar\u00e1 por ende en un cruce entre exactitud e inspiraci\u00f3n,: Astronom\u00eda por un lado, astrolog\u00eda por otro. \u201cIl faut comprendre en quoi un <em>\u00e9tiolement<\/em> peut ouvrir tout un ciel. En quoi une r\u00e9serve peut \u00eatre exub\u00e9rante et g\u00e9n\u00e9reuse\u201d (\u201cHay que entender en qu\u00e9 un <em>estrellarse<\/em> puede abrir todo un cielo. En qu\u00e9 un reservarse puede ser exuberante y generoso\u201d (Georges Didi-Huberman): esta capacidad de \u201creservar\u201d signos, de destilar estructuras, de iluminar relaciones y abrir espacios de posibilidad es seguramente uno de los rasgos de Thomas Hauert. Si tenemos raz\u00f3n, reducirlo a un per\u00edmetro exacto dentro de su propia constelaci\u00f3n ser\u00e1 el menos obvio de los deportes.<\/p>\n<p>Porque cada estrella es nudo de una red invisible, un punto de discreci\u00f3n y resplandor: tambi\u00e9n, quiz\u00e1s, un bloque de intensidad. Un pliegue, una declinaci\u00f3n y, hasta cierto punto, una excepci\u00f3n. Dif\u00edcil decir si sea esta red de cometidos generales\u00a0 la que <em>captura<\/em> sus excepciones (y si las estrellas son prisioneras de sus constelaciones), o si las excepciones son su \u00fanica raz\u00f3n de ser (y las constelaciones s\u00f3lo existen por las estrellas que las hacen reconocibles). Italo Calvino lo ha expresado maravillosamente:<\/p>\n<p><em>Marco Polo describe un puente, piedra por piedra. \u201cPero cu\u00e1l es la piedra que sostiene el puente? &#8211; pregunta Kublai Khan. \u201cEl puente no es suportado por una u otra piedra\u201d contesta Marco, \u201csino por la l\u00ednea del arco que forman juntas\u201d. Kublai Khan se queda en silencio, reflexionando. Despu\u00e9s a\u00f1ade \u201cPorqu\u00e9 me hablas de piedras? Si es solo el arco lo que me interesa.\u201d Polo contesta: \u201cSin piedras no hay arco.\u201d <\/em><\/p>\n<p>En este aspecto, las creaciones y los creadores que acuden a este c\u00f3nclave nocturno de destellos son, todos y cada uno, <em>paradigm\u00e1ticos<\/em>: no tan solo porque sugieren algo as\u00ed como una comuni\u00f3n o comunidad de intenciones (po\u00e9ticas, est\u00e9ticas, metodol\u00f3gicas, existenciales), sino porque cada uno de ellos ha parad\u00f3jicamente aplicado el patr\u00f3n comunitario con un sesgo suficientemente pronunciado como para revocar su generalidad en el acto mismo de fundarla. Un paradigma es precisamente esto: la irregularidad que permite a la norma de existir; la excepci\u00f3n que <em>crea<\/em> la regla. En fondo, las estrellas surgen de un tupido entramado de materia oscura. Al mismo tiempo, solo gracias a ellas pudimos enterarnos de que exist\u00eda tal cosa como una materia oscura, una sustancia general del universo.<\/p>\n<p>En la monograf\u00eda hermosa que le dedica Georges Didi-Huberman,\u00a0 Simon Hanta\u00ef recuerda c\u00f3mo los artesanos h\u00fangaros suelen anudar pacientemente un tejido en varios puntos, antes de sumergirlo en tinta, para obtener una coloraci\u00f3n <em>estrellada<\/em>.<\/p>\n<p><em>La labor de anudar es, si se quiere, repetitiva e ingrata. Una historia hecha por hombres ha querido que fuera sobre todo una labor femenina. Son mujeres tambi\u00e9n las que encontraron la manera, a partir de los a\u00f1os 50, de numerar y catalogar toda las estrellas de descubrimiento reciente: el Observatorio de la Universidad de Harvard las contrat\u00f3 por la mitad de lo que cobrar\u00eda normalmente un becario, opinando que el trabajo en cuesti\u00f3n fuera m\u00e1s met\u00f3dico que intelectual, y que por ende las mujeres lo ejecutar\u00edan mejor que cualquier hombre. Algunas de esas mujeres elaboraron teor\u00edas y m\u00e9todos de c\u00e1lculo astron\u00f3mico todav\u00eda en uso.<\/em><\/p>\n<p>Pero no hay artesan\u00eda sin malicia. Y el nudo, donde el tejido se repliega sobre s\u00ed mismo y se <em>com-plica<\/em>, es la revocaci\u00f3n de toda superficie plana (y de todo uso llano de las reglas asignadas). El aspecto m\u00e1s significativo de dedicar a Thomas Hauert una constelaci\u00f3n, es que tambi\u00e9n su po\u00e9tica se apoya en algo as\u00ed como una prestaci\u00f3n met\u00f3dica, una artesan\u00eda del cuerpo-alma; una apuesta por la matem\u00e1tica imperfecta de la navegaci\u00f3n a vista y de los nudos hechos a mano: los \u00fanicos cuyo espacio interno recuerde algo as\u00ed como un subconsciente de la superficie, un sesgo, un lapsus de la norma al uso. Como si en el espesor escondido del nudo el tejido fuera a <em>gestarse<\/em>, y a gestar los gestos que saldr\u00e1n de \u00e9l.\u00a0 La l\u00ednea del pliegue &#8211; Tim Ingold dir\u00eda &#8211; es siempre una <em>l\u00edneas fantasma<\/em>. Y Thomas Hauert, de los core\u00f3grafos <em>param\u00e9tricos<\/em> de su generaci\u00f3n, es quien m\u00e1s a menudo ha hecho honor, en sus alegaciones, al v\u00ednculo entre danza y subconsciente. Cuando se pliega algo, lo que ocurre en el pliegue se escapa incluso al que pliega: es el trabajo m\u00e1s arriesgadamente po\u00e9tico de todos. Y no existe espacio de descubrimiento donde no haya la valent\u00eda de crear nuevos \u201caccidentes\u201d, nuevas fisuras en los resultados obtenidos, en las formas ya plasmadas. Solo de esta manera un espacio de captaci\u00f3n uniforme (la coreograf\u00eda como <em>\u00e9talement<\/em>, como extensi\u00f3n) &#8211; hecho de ortogonalidad, de t\u00e9cnicas al uso, de series regulares y un\u00edsonos infalibles &#8211; se volver\u00e1, en palabras de Didi-Huberman, espacio de choques, revelaciones y erupciones formales (la coreograf\u00eda como <em>\u00e9toilement<\/em>). Como las estrellas convierten la noche en un\u00a0 cielo &#8211; as\u00ed los nudos convierten el espacio de la danza en un <em>lugar<\/em>, un <em>relieve<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u201cde lo articulado y de lo desarticulado (\u2026) m\u00e1s ac\u00e1 de las contradicciones espaciales de lo abierto y de lo cerrado, de lo lejano y de lo cercano, de recto y verso, de lo exterior y de lo interior. Llam\u00e9moslo \u201cinconsciente del espacio\u201d. Llam\u00e9moslo lugar.\u201d <\/em>(Didi-Huberman, 1998: 51. Trad. m\u00eda).<\/p>\n<p>Hay una especie de terquedad, de locura met\u00f3dica en esta paciencia de dar vueltas, anudar, complicar la materia del cuerpo para constelar sus entredichos. Podr\u00e1 recordar la discreta (o secreta) sabidur\u00eda de los copistas o amanuenses. O la del escribiente Bartleby seg\u00fan Melville, que deja al fin y al cabo ocurrir la estructura de la realidad no ya por \u201cvoluntad de nada\u201d, sino por una \u201cnada de voluntad\u201d.<\/p>\n<p>El cielo no ha ocupado siempre el lugar en el que lo vemos. Pr\u00e1cticamente todas las mitolog\u00edas lo han imaginado, en el origen de los tiempos, f\u00edsicamente unido a la tierra en una especie de abrazo implacable. Pr\u00e1cticamente todas las mitolog\u00edas han narrado su alejamiento como una separaci\u00f3n violenta, cuando no una maldici\u00f3n. Desde entonces no hemos dejado de observarlo con nostalgia, de ubicar all\u00ed nuestros deseos. Y es bueno que sigamos mir\u00e1ndolo como la patria de todo aquello que, por definici\u00f3n, se est\u00e1 alejando &#8211; de todo aquello que, por definici\u00f3n, nos est\u00e1 dejando. Las estrellas fueron inventadas para que supi\u00e9ramos que haber perdido el cielo era la mejor manera de no perdernos en la tierra y en la noche que la rodea. Todo perfil de una constelaci\u00f3n es tambi\u00e9n <em>songline<\/em> (l\u00ednea de cantos) en el sentido que dio Bruce Chatwin a la palabra: de hecho no existe; y sin embargo depende de \u00e9l, de sus giros y pliegues, toda nuestra capacidad de memoria, toda nuestra esperanza de futuro.<\/p>\n<p>Desde el observatorio que se les depara, decidir\u00e1n los espectadores como imaginar las <em>l\u00edneas fantasma<\/em> (as\u00ed las llamar\u00eda Tin Ingold) que unen esta enigm\u00e1tica manada de brillos; decidir\u00e1n si tenderlas como <em>hilos de una trama<\/em> (y por ende de una Historia), o como <em>trazos\u00a0 de un mapa<\/em> (y por ende de una Geograf\u00eda); y decidir\u00e1n si hacerlo con esas l\u00edneas \u201cde calma perfecta\u201d que en palabras de Paul Klee (y en la teor\u00eda de grafos) unen puntos de la forma m\u00e1s intuitiva, como si viajaran de las causas a los efectos en una especie de \u201cdesplazamiento por trabajo\u201d; o si hacerlo con las l\u00edneas sinuosas, impredecibles, trenzadas y \u201cpaseadas\u201d, de un viaje que no tiene en apariencia inicio ni fin. Si una constelaci\u00f3n es tambi\u00e9n esto &#8211; anotaci\u00f3n de una partitura perdida &#8211; cada uno la danzar\u00e1 como sabe. O como desea.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Roberto Fratini<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/develop.mercatflors.cat\/ciclesifestivals\/constellacio-hauert\/\">La CONSTEL\u00b7LACI\u00d3 HAUERT tiene lugar en el Mercat de les Flors del 3 al 10 de marzo de 2018<\/a><\/p>\n<p><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/strong>:<\/p>\n<p>John BERGER (1986): <em>Y nuestro rostro, mi vida, breve como fotos<\/em>, AKAL: Madrid. [ed. or. <em>And our faces, my heart, brief as photos<\/em>, London: Bloomsbury, 2014]<\/p>\n<p>Italo CALVINO (2012): <em>Las ciudades invisibles<\/em>, Madrid: Siruela. [ed. or. <em>Le citt\u00e0 invisibili<\/em>, Torino: Einaudi, 1972]<\/p>\n<p>Bruce CHATWIN (2012): <em>The Songlines<\/em>, London: Random House [ed. or.1987]<\/p>\n<p>Miguel\u00a0 \u00c1ngel DELGADO (2017): <em>Las calculadoras de estrellas<\/em>, Barcelona: Destino.<\/p>\n<p>Georges DIDI-HUBERMAN (1998): <em>L\u2019\u00e9toilement. Conversation avec Hanta\u00ef<\/em>, Paris: Les \u00c9ditions de Minuit.<\/p>\n<p>Georges DIDI-HUBERMAN (2009): <em>Survivance des lucioles<\/em>, Paris: Les \u00c9ditions de Minuit.<\/p>\n<p>Susanna HISLOP, Hannah WALDRON (2017): <em>Atlas de las constelaciones<\/em>, Madrid: Errata Naturae.<\/p>\n<p>Tom INGOLD (2007): <em>L\u00edneas: una breve historia<\/em>, Madrid: GEDISA [ed. or. <em>Lines. A Brief History<\/em>, New York: Routledge, 2007]<\/p>\n<p>Paul KLEE (2004): <em>Cours du Bauhaus<\/em> (trad. Riehl, C.), Paris: Hazan.<\/p>\n<p>Jacques LACARRI\u00c8RE (2004): <em>Au coeur des mythologies<\/em>, Paris: Oxus.<\/p>\n<p>Herman MELVILLE (2002): <em>Bartleby el escribiente<\/em>, Madrid: Alianza [ed. or. 1853. <em>Bartleby the Scrivener. A Story of Wall Street<\/em>]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La discreci\u00f3n es, en muchos sentidos, el aspecto m\u00e1s proverbial de una trayectoria estelar como la de Thomas Hauert<\/p>\n","protected":false},"featured_media":116623,"template":"","categoria":[6852],"etiqueta_blog":[],"class_list":["post-116618","blog","type-blog","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","categoria-temporada-2017-18"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v22.6 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>&#039;Puntos de un bolet\u00edn para navegantes&#039;, por Roberto Fratini<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"La discreci\u00f3n es, en muchos sentidos, el aspecto m\u00e1s proverbial de una trayectoria estelar como la de Thomas Hauert\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" 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