{"id":115849,"date":"2020-02-17T17:48:48","date_gmt":"2020-02-17T17:48:48","guid":{"rendered":"https:\/\/develop.mercatflors.cat\/blog\/?p=1746"},"modified":"2023-06-15T09:47:54","modified_gmt":"2023-06-15T09:47:54","slug":"la-razonable-solidaridad-de-los-malos-interpretes-por-roberto-fratini","status":"publish","type":"blog","link":"https:\/\/develop.mercatflors.cat\/es\/blog\/la-razonable-solidaridad-de-los-malos-interpretes-por-roberto-fratini\/","title":{"rendered":"&#8216;La razonable solidaridad de los malos int\u00e9rpretes&#8217;, por Roberto Fratini"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>I remember only the grandious moment<br \/>\nwhen they suddenly started to sing<br \/>\nas if pre-arranged<\/em><br \/>\n(A. Schoenberg. <em>A survivor from Warsaw<\/em>)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Seducidas por una equivalencia impensable de acci\u00f3n y pasi\u00f3n, solipsismo y solidaridad, eternidad y extemporaneidad, integridad y alienaci\u00f3n, laicidad y misticismo; sensibles a las neurosis de un tiempo constelado de paradojas, las vanguardias se echaron ya en los a\u00f1os 10 del siglo pasado a flirtear apasionadamente con el rito como madre de toda la \u201cperformance\u201d por venir. Confiaban en que el premeditado revival po\u00e9tico de la barbarie y de sus rituales precristianos supiera brindar un atajo razonable a aquellos ensue\u00f1os de totalidad y regeneraci\u00f3n que, desde el ocaso del Romanticismo, ven\u00eda sojuzgando las artes. De los anhelos wagnerianos a los desmanes duncanianos, la nostalgia de crueldades intemporales, atavismos carnosos y otras <em>crudit\u00e9s<\/em> antropol\u00f3gicas conformaron una dieta rejuvenecedora que el gran cuerpo de la cultura occidental no supo diagnosticar como el indicio m\u00e1s infalible &#8211; y el m\u00e1s agresivo &#8211; de su senilidad galopante. Que en los a\u00f1os 20 Oswald Spengler atinara a diagnosticarlo no hizo sino propiciar un masivo giro socio-pol\u00edtico del mismo entusiasmo inmunol\u00f3gico, y una precipitosa reconversi\u00f3n de la vieja pasi\u00f3n po\u00e9tica por la salubridad de la violencia en un vicio pseudo-est\u00e9tico de masas cada vez m\u00e1s alucinadas, desinhibidas y horrendamente creativas. As\u00ed, mientras en nombre de la totalidad las artes vivas se regodeaban en mil recetas hol\u00edsticas y en un terrible amor a los vigores y rigores de la acci\u00f3n, la historia se encarg\u00f3 ir\u00f3nicamente de tramitar el pedido totalizador de las vanguardias en unos cuantos totalitarismos de nuevo cu\u00f1o.<\/p>\n<p>Al anhelo de presencia activa y acci\u00f3n presente que fue la alucinaci\u00f3n estructural de toda una colectividad y de sus gremios art\u00edsticos puede aplicarse sin m\u00e1s un patr\u00f3n on\u00edrico, por dos razones. La primera es que la flagrancia de la acci\u00f3n directa se convirti\u00f3 a su vez &#8211; verdadera <em>mise en abyme<\/em> &#8211; en la manera propiamente moderna de <em>so\u00f1ar con la acci\u00f3n<\/em>: el mismo malentendido que proporcion\u00f3 a los artistas una raz\u00f3n suficiente de confundir acci\u00f3n y actuaci\u00f3n, brindaba a la sociedad europea la opci\u00f3n terap\u00e9utica de ser la m\u00e1s delirante y violenta, la m\u00e1s d\u00f3cil y agresiva de todos los tiempos &#8211; de convertir la acci\u00f3n en su pasi\u00f3n dominante, y la actividad en una expresi\u00f3n fehaciente de su terrible, durmiente pasividad. El \u00abDeutschland, erwache\u00bb (\u00abdespierta, Alemania\u00bb) de los panfletos nazifascistas no fue m\u00e1s que una invitaci\u00f3n universal a \u00abdespertar en el sue\u00f1o\u00bb. \u00a0La segunda es que, como suele ocurrir en los sue\u00f1os de verdad, tambi\u00e9n en esta tenebrosa <em>reverie<\/em> de casi todos la fuerza del impulso\u00a0 permiti\u00f3 soslayar toda clase de perplejidad: por muy extra\u00f1o que parezca, interiorizar y practicar tercamente el corto circuito de pasi\u00f3n y acci\u00f3n (<em>fa\u00e7on d\u2019endormi<\/em> y <em>fa\u00e7on d\u2019\u00e9veill\u00e9<\/em>, dir\u00eda Michaux) fue una excelente manera de no constatar en ning\u00fan momento su paradoja constitutiva. Dos guerras mundiales han demostrado a qu\u00e9 <em>passages \u00e0 l\u2019acte<\/em>\u00b8a qu\u00e9 gestos inconsultos y pesadillas infernales logra apuntarse una colectividad incapaz de pensar l\u00facidamente sus contradicciones. Incluso el que las peores masacres de la Historia escenificaran la obscena repetici\u00f3n de una matanza proverbialmente irrepetible (as\u00ed parece toda guerra), demuestra sin m\u00e1s qu\u00e9 clase de germen ideol\u00f3gico anidaba en la nostalgia ritual aparejadas por tantas vanguardias a anhelos b\u00e9licos de todos los colores, y qu\u00e9 clase de complejos, qu\u00e9 \u00abmito de estr\u00e9s m\u00e1ximo\u00bb (dir\u00eda Peter Sloterdjik) permiti\u00f3 a una parte considerable de esas vanguardias jalear las hecatombes inminentes como la m\u00e1s exquisita de las expresiones art\u00edsticas: \u00bfNo procede a su vez el ritual de una t\u00f3xica creencia en la catarsis de repetir alg\u00fan evento originario y sangriento? No \u00a0obedece la dramaturgia del ritual al cometido de reproducir\u00a0 dios sabe qu\u00e9 acontecimiento m\u00edtico y por definici\u00f3n irrepetible? \u00c9sa es su vertiente opi\u00e1cea e inmunol\u00f3gica: as\u00ed como el mito se hace veh\u00edculo de la narrabilidad de los or\u00edgenes, el ritual se propone desde siempre garantir la infinita viabilidad, incluso la actualidad &#8211; y en \u00faltima instancia la performatividad &#8211; de esos or\u00edgenes. El problema es que si en la historia del ritual aut\u00e9ntico pueden apreciarse los pasajes de civilizaci\u00f3n que \u00abdomestican\u00bb la violencia primitiva (porque redimida por fuerte dosis de incredulidad), las reediciones rituales propuestas por una modernidad religiosamente desorganizada y en grave d\u00e9ficit de cultos asentados ser\u00e1n forozsamente voluntariosas y m\u00e1s hist\u00e9ricas que cualquier original (porque infectadas por potentes inyecciones de nueva credulidad). Las vanguardias <em>fin de si\u00e8cle<\/em> consideraron seriamente la posibilidad de desempolvar la promesa de actualizaci\u00f3n absoluta y de absoluta \u00abinicialidad\u00bb impl\u00edcita en el rito. El \u00e9xito sintom\u00e1tico, por aquel entonces, del mito nietzscheano del Eterno Retorno reflejaba en fondo una voluntad precisa de rechazar el yugo de la memoria hist\u00f3rica en favor de un concepto de Presente totalmente incoativo: donde la funci\u00f3n teatral repite la representaci\u00f3n del fantasma, la liturgia reinicia la presencia del cuerpo. A esta performatividad que curaba de cualquier serialidad las artes vivas se agarraron como a un ant\u00eddoto contra la inminente p\u00e9rdida de aura de cualquier arte &#8211; como intuir\u00eda Walter Benjamin &#8211; en la era de su reproducibilidad t\u00e9cnica. En t\u00e9rminos perfectamente an\u00e1logos, las hip\u00e9rboles de Duncan sobre el carisma redentor del gesto habr\u00edan sido inimaginables fuera de una civilizaci\u00f3n burguesa que hab\u00eda durante todo un siglo supeditado cualquier gestualidad al af\u00e1n de rentabilidad. Los mayores conflictos de la historia no habr\u00edan resultado tan literalmente terminales de no haberse presentado como inmaculados inicios de milenios ya sin historia.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 por eso, con la firme voluntad de desenmascarar al car\u00e1cter secretamente on\u00edrico de las reviviscencias rituales, y la funci\u00f3n secretamente sedativa de las excitaciones que \u00e9stas traen consigo, la <em>Consagraci\u00f3n de la primavera<\/em> de Roger Bernat comienza proponiendo una extra\u00f1a ecuaci\u00f3n, por no decir un quiasmo sem\u00e1ntico, entre la mujer yacente del <em>Fr\u00fchlingsopfer<\/em> (1975) \u00a0de Pina Bausch y Aurora, la Bella Durmiente del <em>grand ballet<\/em> hom\u00f3nimo (1890) de Marius Petipa. En 1913, v\u00edspera de la formidable masacre de la primera guerra mundial, Igor Stravinsky y Vaslav Nijinsky creyeron vislumbrar en la violencia sacrificial un posible nudo de articulaci\u00f3n entre danza y modernidad, y la transfusi\u00f3n inmejorable de un poco de sangre fresca en el cuerpo an\u00e9mico de la teatralidad. A estas alturas la participaci\u00f3n del p\u00fablico, su inclusi\u00f3n en el ritual, era deseable pero todav\u00eda metaf\u00f3rica: en el fondo, la catarsis ofrecida en bandeja al p\u00fablico parisino\u00a0 por compositor y core\u00f3grafo (asistir al sacrificio sin oficiarlo) no dejaba de ser vicaria y homeop\u00e1tica. El mismo p\u00fablico procur\u00f3 hacerla menos metaf\u00f3rica, hallando en las rarezas musicales y coreogr\u00e1ficas del <em>Sacre du printemps <\/em>el mejor pretexto para una ri\u00f1a tan generalizada y ruidosa que, en el <em>Th\u00e9\u00e2tre des Champs Elys\u00e9es<\/em>, apagaba incluso los fragores de la orquesta stravinskiana. El catastr\u00f3fico estreno mundial de la <em>Consagraci\u00f3n<\/em> ilustraba a su manera, desde luego, la gran malicia que ya por entonces anidaba en la noci\u00f3n moderna de coreograf\u00eda: el hecho de que una danza <em>dise\u00f1ada<\/em> fuera de todo esquema vigente de recepci\u00f3n fuera destinada a antojarse inevitablemente, a un p\u00fablico real y no previamente concienciado, como la conspiraci\u00f3n de una peque\u00f1a colectividad cin\u00e9tica empe\u00f1ada en los gestos inescrutables de su culto oscuro y potencialmente subversivo. Asimismo, al enunciar los t\u00e9rminos de esta nueva religiosidad performativa, basada en la sobrecogedora inicialidad de cualquier nueva danza (y de cualquier forma que aspirara a patentes de modernidad), el <em>Sacre<\/em> de 1913 preanunciaba la mayor \u00a0paradoja spiritual &#8211; o la mayor hipocres\u00eda &#8211; del siglo por venir: que para que la parroquia laica de los consumidores de modernidad se beneficiase de ella, la comuni\u00f3n m\u00edstica deb\u00eda engarzar las formas irreligiosas del discurso cr\u00edtico y dial\u00e9ctico, convirti\u00e9ndolas en\u00a0 el n\u00facleo de un nuevo paradigma de participaci\u00f3n y consenso, quiz\u00e1 de una nueva religi\u00f3n (m\u00e1s mn\u00e9sica que m\u00edstica): eso que\u00a0 a d\u00eda de hoy pol\u00edticos y programadores llaman, llen\u00e1ndose la boca, Cultura. El sonad\u00edsimo flop de Nijinsky dej\u00f3 claro hace m\u00e1s de un siglo que vivencia pura del presente, sagrado y dichoso, s\u00f3lo puede repartirse como mercanc\u00eda y embalarse en un poderoso packaging de metadiscurso; que la inmersi\u00f3n sacramental no sabe prescindir de las formas hiper-despiertas de una apolog\u00eda cr\u00edtica omnipresente, democr\u00e1tica por decreto y finalmente institucional. Como \u00abculto cultural\u00bb, mucha danza proto-moderna (y ahora mucha danza posmoderna) terminar\u00eda asemej\u00e1ndose a un culto pegadizo y proliferante, oportunamente amueblado de un metadiscurso de poca monta, con sus mitos y ritos, con sus entusiasmos y obnubilaciones; con sus ceremonias y canonizaciones: su inmediatez cultual ser\u00eda objeto de incansables <em>mediaciones culturales<\/em>. A la neurosis que derivaba de esta contradicci\u00f3n &#8211; reflejo de una confusi\u00f3n m\u00e1s generalizada entre pol\u00edtica, arte y religi\u00f3n -, intent\u00f3 responder en los 60, con medios pesados y a varios niveles (de la comuna vivencial al colectivo teatral), el \u00faltimo gran proyecto generacional de \u00abcomunidad performante\u00bb. Cuando tambi\u00e9n las turbulencias de esa \u00faltima epopeya de estetizaci\u00f3n de la vida remitieron, y cuando la Cultura fue definitivamente ascendida de una vez por todas a su papel actual de planta de reciclaje simb\u00f3lico de utop\u00edas y revoluciones, la praxis performativa y coreogr\u00e1fica intent\u00f3 responder a las nuevas exigencias \u00abhauntol\u00f3gicas\u00bb (honrar al fantasma de una est\u00e9tica relacional muerta antes de conseguir ser religi\u00f3n) propiciando una expansi\u00f3n r\u00e1pida y masiva de los factores de participaci\u00f3n y presencialidad literales. Mucho del teatro de participaci\u00f3n realizado despu\u00e9s de 1968 &#8211; es decir en una \u00e9poca de desmantelamiento acelerado de la dimensi\u00f3n social -no fue m\u00e1s que el \u00faltimo aspaviento de una ritualidad de acarreo que hab\u00eda empezado a hundirse en sus contradicciones ya a comienzos del siglo: invocaci\u00f3n de un espectador cada vez menos expectante y cada vez m\u00e1s activo, dispuesto a superar el abismo entre vivencia y cultura prest\u00e1ndose a <em>vivencias culturales<\/em> (las famosas <em>experiencias<\/em> que nos acucian por todos lados) suministradas por un establishment pol\u00edtico y teatral muy\u00a0 en\u00e9rgico en promover la cultura de la vivencia y la cultura <em>como<\/em> vivencia; un espectador dispuesto en resumidas cuentas a sacrificarle al culto de turno (el culto a un <em>yo<\/em> colectivo y cultural totalmente veleidoso) el objeto mismo de ese culto, sacrificando tanto la obra como acontecimiento externo, como los propios estatutos del espectador, quien hasta entonces hab\u00eda gozado al menos en potencia de los poderes emancipadores de la observaci\u00f3n. En el desierto presente ocurri\u00f3 del arte y de su legado de democratizaci\u00f3n lo mismo que de ciertos espejismo en el desierto real: la codiciada proximidad promovida por los \u00abmediadores\u00bb de toda pelambre lo hizo simplemente desvanecerse. El gran proyecto de amor se qued\u00f3 en un poso de amor nominal y proyecciones discursivas. Resultado: la participaci\u00f3n no ha sido nunca tan literal y tan poco real. Una porci\u00f3n considerable de las vanguardias recientes predica el parad\u00f3jico eclipse del espect\u00e1culo en favor de un ritual cuyo \u00fanico objeto, cuyo \u00fanico mito es la pura circunstancialidad, la pura co-incidentalidad de los espectadores en el lugar y en el tiempo del consumo cultural. La insoslayable, irreligiosa obscenidad del contrato econ\u00f3mico entre productores y consumidores es a penas mencionada. En el punto de mayor saturaci\u00f3n de esta taumaturgia general y pseudo-comunitario parece oportuno, si no urgente, volver a hacer un poco de dramaturgia; volver a denunciar la semejanza inaudita de agitaci\u00f3n y reacci\u00f3n, el punto de fuga oscurantista en el que, telesc\u00f3picamente, la pureza del sacrificio y la suciedad del homicidio se solapan; volver tambi\u00e9n, si acaso, a reivindicar que el arte no est\u00e1 para restaurar las comunidades m\u00edsticas, som\u00e1ticas y sacrificiales, sino para desmentirlas, arroj\u00e1ndolas cuando toca a las papeleras del oscurantismo. No es casual que el referente elegido por Bernat sea la <em>Consagraci\u00f3n<\/em> de Bausch: la \u00fanica versi\u00f3n del ballet strawinskiano que evitando reformular o \u00abredimir\u00bb la violencia del libreto original (1913), respetaba punto por punto su crudeza, y lo trataba como un caso de unanimidad violenta y, a fin de cuentas, un vulgar asesinato. Su tono cuadraba m\u00e1s con la cruda desolaci\u00f3n de la posguerra alemana que con los desmanes variopintos de la Rusia pagana. \u00a0La coreograf\u00eda que, fiel al temario \u00abritual\u00bb de la <em>Consagraci\u00f3n<\/em>, remataba el historial moderno de las versiones grandilocuentes (despu\u00e9s de Nijinsky y B\u00e9jart), inauguraba tambi\u00e9n el largo expediente posmoderno de las <em>desconsagraciones de la primavera<\/em>: de todas las deconstrucciones, tergiversaciones, flexiones estil\u00edsticas y ideol\u00f3gicas que atestiguaron, a partir de los a\u00f1os 80, de la imposibilidad definitiva de tratar sin incredulidad, sin iron\u00eda o sin una irreducible subjetividad lo que hab\u00eda sido el desaf\u00edo principal, el cometido m\u00e1s ut\u00f3pico y universal de la danza moderna. Que, frente al escaso elenco de versiones de antes de los 70, los anales coreogr\u00e1ficos de las d\u00e9cadas sucesivas rebosaran de <em>Consagraciones<\/em> m\u00e1s o menos anecd\u00f3ticas, es una prueba de la despreocupaci\u00f3n y de la voluntad de demistificaci\u00f3n que marc\u00f3 estas d\u00e9cadas, cuando pr\u00e1cticamente cualquier core\u00f3grafo se sinti\u00f3 acreditado a expresar su punto de vista sobre un legado sinf\u00f3nico y dramat\u00fargico que hab\u00eda sido hasta entonces la ordalia de los artistas m\u00e1s reconocidos y, a su vez, \u00abconsagrados\u00bb. Incontables los sesgos estil\u00edsticos de las nuevas <em>Consagraciones<\/em>: Butoh como <em>Haru no Sa\u00eften &#8211; Un Sacre du Printemps<\/em> de Carlotta Ikeda (1999), <em>minimal<\/em> como la de Shen Wei (2002), \u00ablatinas\u00bb, como la de Emanuel Gat (2004), afro-tribal como la de Heddy Maalem (2008). Incontables tambi\u00e9n las variantes dramat\u00fargicas: del holocausto familiar nip\u00f3n seg\u00fan Mats Ek (1978), al aquelarre ligeramente fetish seg\u00fan Marie Chouinard (1993), a la violaci\u00f3n grupal seg\u00fan Angelin Preljocalj (2001). Emblem\u00e1tico, para terminar, el m\u00e1s reciente <em>Sacre <\/em>(2013), remix un poco f\u00fatil de Sasha Waltz &#8211; casi una \u00abmeta-consagraci\u00f3n\u00bb. El listado podr\u00eda seguir. Quiz\u00e1 en el punto de fuga de estas derivas oficiales y dist\u00f3picas de una liturgia coreogr\u00e1fica haya que ubicar el memorable <em>Fr\u00fchlingsopfer<\/em> de Romeo Castellucci (2014), donde los cuerpos se ve\u00edan sustituidos por aludes r\u00edtmicos de polvo de hueso esparcidos por tramoyas computerizadas. Pese a todo, puede que el verdadero hito no oficial de esta tradici\u00f3n desconsagradora se diera ya en los primeros compases de <em>May B <\/em>(1983), que reproduc\u00edan discretamente, en estertores, risas y jadeos, algunos de los patrones percutivos esgrimidos estruendosamente, en su tiempo, por la partitura de Stravinsky. Como si Maguy Marin, autora de esta obra maestra terminal del siglo XX, quisiese rebatir al tema troncal de la <em>Consagraci\u00f3n<\/em>, la absoluta \u00abinicialidad del inicio\u00bb, con un ap\u00f3logo genial sobre el \u00absinf\u00edn del fin\u00bb; rebatir a la consagraci\u00f3n de la primavera desconsagrando la ceremonia de un invierno que no sabe acabar.<\/p>\n<p>Desmitificada, des-mistificada, la <em>Consagraci\u00f3n<\/em> de Bausch suger\u00eda una violenta injerencia de la mortalidad en los protocolos religiosos de la coreograf\u00eda. En el signo de esta deficiencia del cuerpo ante los cometidos de un rito llamado danza se agota el ap\u00f3logo de Bausch (con la muerte de la Elegida) y empieza el experimento de par\u00e1frasis <em>actuada <\/em>y <em>activa<\/em> de Roger Bernat (con la danza aproximada, \u00abvoluntariosa\u00bb de un cuerpo fatalmente ineficiente como el del espectador cualquiera). La posmodernidad participativa tiende a soslayar el contraste entre la bals\u00e1mica ilusi\u00f3n de participar y los rigores de la participaci\u00f3n real; entre la guarder\u00eda comunitaria y la pol\u00edtica adulta. C\u00f3mo puede la <em>Consagraci\u00f3n <\/em>m\u00e1s expl\u00edcitamente vivencial ser a la vez la m\u00e1s astutamente meta-discursiva? La posmodernidad participativa permite constatar a diario que la inflaci\u00f3n de la experiencia (la hiper-experiencia, el mundo como interactividad normativa) ha terminado por eliminar toda discriminaci\u00f3n entre realidad e ilusi\u00f3n (en espec\u00edfico, entre la bals\u00e1mica ilusi\u00f3n de participar y los rigores de la participaci\u00f3n real; entre la guarder\u00eda comunitaria y la pol\u00edtica adulta). En el contexto del espect\u00e1culo participativo, la irrupci\u00f3n del espectador fomenta esta deriva: llamado en cuerpo y acci\u00f3n a \u201crealizar\u201d la ficci\u00f3n, termina invariablemente por convertir en ficci\u00f3n la realidad. Es el delito perfecto al que Jean Baudrillard ha hecho referencia en varias ocasiones. Y es, a su manera, la misa que convalida, de un modo menos simb\u00f3lico que literal, la religi\u00f3n llamada Cultura. Crimen mucho m\u00e1s perfecto cuando, lejos de suponer implicaciones violentas, le confiere a la participaci\u00f3n un perfil l\u00fadico; cuando la autosuficiencia entretenida del dispositivo permite disimular con \u00e9xito al paradigma religioso que lo vertebra. Sin ir m\u00e1s lejos, videojuegos, social-webs y correos electr\u00f3nico son el pan nuestro, o nuestra plegaria, de cada d\u00eda. Por eso, la opci\u00f3n participativa de Bernat ser\u00e1 tramitar la evanescencia del protocolo \u201ccultual\u201d subsumi\u00e9ndolo bajo un\u00a0 comportamiento laicamente, conscientemente &#8211; quiz\u00e1 infelizmente &#8211;\u00a0 cultural, realizando una astuta reducci\u00f3n del rito a dispositivo; realizar, en suma, gracias al poder dial\u00e9ctico de la interlocuci\u00f3n, de la instrucci\u00f3n, de la par\u00e1frasis (que es en el fondo la elecci\u00f3n de un hipotexto, el \u201cprecedente\u201d bauschano del \u201975) una euf\u00f3rica reducci\u00f3n del rito a dispositivo. \u00bfNo ser\u00e1 el espectador que act\u00faa en el fondo un espectador \u201cactuado\u201d por el dispositivo? \u00bfA qu\u00e9 remitir\u00e1 su modo de presencia? \u00bfAl espect\u00e1culo incoherente y divertido de la torpeza suya y de otros en una coreograf\u00eda nunca <em>mostrada<\/em> sino s\u00f3lo <em>descrita <\/em>y<em> prescrita<\/em> (para volver a ser en el fondo <em>algo escrito<\/em>)? \u00bfA la experiencia mn\u00e9sica que supone volver a ver al trasluz, en el intervalo que existe entre palabras e im\u00e1genes, la coreograf\u00eda original de Bausch? \u00bfA la narraci\u00f3n\/par\u00e1frasis\/descripci\u00f3n\/instrucci\u00f3n que recibe por los auriculares, y que es siempre parcial? Existe algo extraordinariamente subversivo en el hecho de proponerle al p\u00fablico que viva un ritual mientras las instrucciones que vehiculan el acontecimiento no son m\u00e1s que la par\u00e1frasis de una coreograf\u00eda ya existente, una \u201cversi\u00f3n\u201d autorizada y pasada del mismo ritual. Si como no se cansa de repetirnos la coreolog\u00eda anglosajona la coreograf\u00eda tradicional esgrime todos los rigores de la Ley, negociar mentalmente la traducci\u00f3n de una prescripci\u00f3n coreogr\u00e1fica, interpretando el significado de sus met\u00e1fora, no ser\u00e1 la versi\u00f3n m\u00e1s fidedigna de una relaci\u00f3n \u00abemancipada\u00bb y cr\u00edtica con la Ley misma? Ejecutando el <em>ritual de un ballet<\/em>, el de Pina Bausch, que hab\u00eda sido en su momento <em>ballet de un ritual<\/em> el p\u00fablico de Bernat puede experimentar en directo un sabotaje de la <em>Consagraci\u00f3n<\/em> \u00a0que es tambi\u00e9n la desarticulaci\u00f3n &#8211; o la incautaci\u00f3n &#8211; de todo mito espontane\u00edsta inherente a la performance participativa: escarnio de una masacre. Es propiamente a causa de esta <em>escritura normativa<\/em>, que la <em>Consagraci\u00f3n<\/em> de Bernat se sit\u00faa en las ant\u00edpodas de cualquier riesgo totalitario, y lejos de toda sospecha de manipulaci\u00f3n. Porque existe un abismo entre \u201cprescripci\u00f3n\u201d y \u201csugesti\u00f3n\u201d. Existe adem\u00e1s un abismo entre las \u00abinstrucciones de uso\u00bb esgrimidas por una voz de s\u00edntesis y el mandamiento interior del<em> espectactor<\/em> cl\u00e1sico, sumido en la invencible enso\u00f1aci\u00f3n, en el celo de comulgar con algo suprapersonal. La experiencia deber\u00eda habernos ense\u00f1ado que pocas cosas son tan potencialmente totalitarias como <em>ser uno mismo bajo \u00f3rdenes<\/em>. La parad\u00f3jica par\u00e1frasis ritual que fluye desde la direcci\u00f3n hasta los auriculares de los participantes tiene, sin embargo, la fuerza de una <em>propuesta<\/em> participativa: algo como un sistema de refrigeraci\u00f3n, que obliga a encarnar el rito no ya como un acto <em>cognitivo<\/em> (todos los ritos lo son), sino como un acto <em>re-cognitivo<\/em> (esculpido en muchos \u00f3rdenes distintos de reconocimiento y agnici\u00f3n: reconocimiento del propio gesto en el gesto de los otros, reconocimiento del gesto bauschano en el presente de la reproducci\u00f3n -intertextualidad experimentada-). Ni sugesti\u00f3n ni orden ni amnist\u00eda de los instintos, sino una descripci\u00f3n modal que puede ser ignorada y, de hecho, es una ocasi\u00f3n para la desobediencia, la discrepancia, la turbulencia del protocolo asignado. Esta misma soledad, caracter\u00edstica solamente de algunas religiones intimistas y de toda \u00e9tica propiamente dicha, tan enemiga de los grandes aparatos comunitarios, cultuales y rituales, impide que \u00ednfulas espirituales de toda cala\u00f1a vengan a blanquear el consumo cultural. El espectador no <em>act\u00faa<\/em> simplemente el dispositivo, ni es simplemente actuado <em>por el<\/em> dispositivo; hace algo m\u00e1s extraordinariamente refinado que todas las injerencias h\u00e1pticas celebradas por el teatro reciente; puede mimetizarse en el dispositivo, cumpliendo las instrucciones, y pasar inobservado; puede fingir no haberlas escuchado nunca; puede ejecutar una orden que no recibi\u00f3, e improvisar con descaro. Puede realizar la disidencia m\u00e1s eficaz, que es ocultar el hecho de haber desobedecido, haciendo que ni siquiera la desobediencia pueda nombrarse y sancionarse. Puede cumplir el milagro antirreligioso de la ineficacia e incredulidad, en el que se inscribe el inicio de toda pol\u00edtica (y de todo teatro). Y en cada momento en que \u201cescucha\u201d los gestos que poco despu\u00e9s llevar\u00e1 o no a cabo, <em>presentir<\/em> literalmente su presencia. Y deliberarla. Hacer lo que la Elegida de las versiones oficiales no pudo jam\u00e1s: elegir dejarse danzar por el texto, o limitarse a leerlo. Desaparecer detr\u00e1s de la palabra. O desaparecer detr\u00e1s de la semejanza. Salvarse, en cualquier caso. Eclipsarse, tal vez, en el eclipse solar del acontecimiento. Y desde su cono de sombra, su coraz\u00f3n de las tinieblas, renegociar la salvaje, imperial soledad del mal int\u00e9rprete singular, y la razonable solidaridad de los malos int\u00e9rpretes plurales. Podr\u00e1 en suma conspirar finalmente consigo y con los dem\u00e1s, o contra s\u00ed y contra todos. Y conspirando, conspir\u00e1ndose, danzar su propia supervivencia. Ni pagano ni cristiano. Humano.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/develop.mercatflors.cat\/espectacle\/la-consagracio-de-la-primavera-2\/\"><span style=\"color: #0000ff;\">ROGER BERNAT presenta <em>La consagraci\u00f3 de la primavera<\/em> al Mercat de les Flors els dies 28 i 29 de febrer<\/span><\/a><\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda:<\/strong><\/p>\n<p>Berg, Shelley, <em>Le Sacre du Printemps: Seven Productions from Nijinsky to Martha Graham<\/em>, UMI Research Books, 1988.<\/p>\n<p>Bishop, Claire, <em>Artificial Hells. Participatory Art and the Politics of Spectatorship<\/em>, New York: Verso, 2012.<\/p>\n<p>Bur\u017einska, Anna (ed.), <em>Joined Forces. Participation in Theatre<\/em>, Berlin: Alexander Verlag, 2016.<\/p>\n<p>Fratini, Roberto, \u00abLiturgias de la impaciencia y umbrales de la inacci\u00f3n\u00bb, en <em>Escrituras del silencio. Figuras, secretos, conspiraciones y diseminaciones de una dramaturgia de la danza<\/em>, M\u00e9xico: Paso de Gato, 2019.<\/p>\n<p>Girard, Ren\u00e9, <em>La violencia y lo sagrado<\/em>, Barcelona: Anagrama, 2005.<\/p>\n<p>Michaud, \u00c9ric, <em>La est\u00e9tica nazi. Un arte de la eternidad<\/em>, Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora, 2009.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Links v\u00eddeo:<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=cLZCbcO2_2I\">https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=cLZCbcO2_2I<\/a> (Integral online, Maurice B\u00e9jart,\u00a0 <em>Le sacre du printemps<\/em>, 1957)<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=aSBpQcu61tg&amp;has_verified=1\">https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=aSBpQcu61tg&amp;has_verified=1<\/a> (Extracto Pina Bausch, <em>Fr\u00fchlingsopfer<\/em>, 1975)<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=MbcC_FuaBGA\">https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=MbcC_FuaBGA<\/a> (Teaser Marie Chouinard, <em>Le Sacre du Printemps<\/em>, 2004)<strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=8VSdr2RlEn4&amp;has_verified=1\">https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=8VSdr2RlEn4&amp;has_verified=1<\/a> (Integral online, Angelin Preljocalj, <em>Le Sacre du printemps<\/em>, 2002)<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=4zJhVgT1FtI&amp;has_verified=1\">https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=4zJhVgT1FtI&amp;has_verified=1<\/a>\u00a0 (Integral online, Sasha Waltz, <em>Sacre<\/em>, 2013)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Y conspirando, conspir\u00e1ndose, danzar su propia supervivencia. 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