{"id":188785,"date":"2024-01-27T10:02:53","date_gmt":"2024-01-27T10:02:53","guid":{"rendered":"https:\/\/develop.mercatflors.cat\/?post_type=blog&#038;p=188785"},"modified":"2024-01-29T09:50:15","modified_gmt":"2024-01-29T09:50:15","slug":"santo-de-la-soledad-per-roberto-fratini","status":"publish","type":"blog","link":"https:\/\/develop.mercatflors.cat\/en\/blog\/santo-de-la-soledad-per-roberto-fratini\/","title":{"rendered":"&#8216;Santo de la soledad&#8217;, per Roberto Fratini"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right\">&#8216;<em>Mene Mene Tekel Upharsin<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>(Te han puesto en la balanza, y has perdido)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>(Daniel, 5:18-22)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Al menos anecd\u00f3ticamente, el origen del t\u00edtulo <em>Joseph <\/em>no es un misterio. Cuenta el mismo Alessandro Sciarroni que pasando, un d\u00eda cualquiera en una ciudad italiana cualquiera, por un quiosco de peri\u00f3dicos y souvenirs, hab\u00eda llamado su atenci\u00f3n una estatuilla de pl\u00e1stico de San Jos\u00e9, completa del r\u00f3tulo devocional \u201cIte ad Joseph\u201d (en lat\u00edn: \u201cacudid a Jos\u00e9\u201d). Y como Sciarroni es un incondicional de las po\u00e9ticas de circunstancia (trabajar con lo que hay y dejarse encontrar por las cosas), decidi\u00f3 en ese minuto \u2013 la an\u00e9cdota es de 2011 &#8211; que <em>Joseph<\/em> ser\u00eda el t\u00edtulo del nuevo proyecto; y que en este nuevo proyecto de solo\/performance manipular\u00eda objetos. Es m\u00e1s, ya que en aquel entonces le intrigaba el \u00e9xito de unas recientes webs de socializaci\u00f3n aleatoria (como la afamada Chat Roulette), decidi\u00f3 tambi\u00e9n que \u201cacudir a Jos\u00e9\u201d ser\u00eda consigna y conjuro: invitaci\u00f3n simb\u00f3lica para toda una muchedumbre an\u00f3nima de rostros, cuerpos y miradas a personarse en el cuartucho hiperconectado del Joseph del t\u00edtulo, a visitarle, tal vez; y tal vez a amarle. Porque as\u00ed funcionaba, y as\u00ed sigue funcionando Chat Roulette: vinculando al azar las webcams de dos ordenadores, abre a usuarios desconocidos una ventana instant\u00e1nea al mundo de otros desconocidos; promete en suma a internautas sedientos de intimidades socializables abarrotar de visitadores an\u00f3nimos e indiscretos la soledad 7\/24 de un terminal dom\u00e9stico, otorg\u00e1ndoles contextualmente un infinito \u201cbeneficio de inventario\u201d. Chat Roulette, por eso, ascendi\u00f3 en un santiam\u00e9n al estatuto de sauna para el intercambio gratuito y globalizado de experiencias masturbatorias. M\u00e1s adelante el trabajo con objetos llevar\u00eda Sciarroni a optar por la soluci\u00f3n po\u00e9tica que hab\u00eda sido, desde el inicio, la m\u00e1s obvia: inspirado en un San Jos\u00e9 de baratija, el \u00fanico \u201cobjeto\u201d pr\u00e1ctico de la pieza ser\u00eda finalmente Joseph, el protagonista. Y para que nos resultara m\u00e1s f\u00e1cil mirarlo como un objeto, este protagonista nos dar\u00eda la espalda en todo momento: constituir\u00eda, como cualquier usuario de plataforma an\u00f3nima, el objeto multiforme y sin nombre de la potencia de deseo y adquisici\u00f3n que emana de las redes; mercanc\u00eda viviente expuesta, en la pantalla-escaparate, a un carrusel azaroso, un <em>scroll<\/em> algor\u00edtmico de miradas.<\/p>\n\n\n\n<p>Eligiendo por coherencia currarse a solas el <em>solo<\/em> en cuesti\u00f3n, Sciarroni acababa efectivamente de descubrir, gracias a Chat Roulette, la receta de la soledad en tiempos de hiperconexi\u00f3n; de una post-soledad que ya no consiste en apartarse de la mirada del mundo, sino en verse expuestos, todo el rato y por doquier, al escrutinio salvaje de un <em>p\u00fablico<\/em> aleatorio y potencialmente infinito. <em>Joseph<\/em> desglosar\u00eda, en suma, con medios austeros e hilarantes, los formatos de una psicastenia in\u00e9dita: el destino de la nueva subjetividad, man\u00edaca y en ocasiones paranoica, abocada a desmaterializarse expectante bajo el ubicuo escrutinio de unas muchedumbres a su vez inmateriales de jueces y compradores, <em>followers<\/em>, <em>haters<\/em> y demandantes en ciernes; suspendida todo el tiempo entre la tentaci\u00f3n de aparecer y el instinto de camuflarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de <em>Joseph<\/em> y mientras realizaba <em>Joseph Kids<\/em> el <em>spin-off<\/em> infantil de la performance, Sciarroni atender\u00eda sobre todo a las implicaciones y a los formatos de la resistencia y de la extenuaci\u00f3n. Los t\u00edtulos m\u00e1s paradigm\u00e1ticos de su cat\u00e1logo, <em>Folk(s) <\/em>(2012), <em>Untitled <\/em>(2013)<em>, Aurora <\/em>(2015)<em>, Turning <\/em>(2015) o el m\u00e1s reciente <em>Dialogo Terzo: In a Landscape<\/em> (su colaboraci\u00f3n con ColectivO CineticO, en 2021)&nbsp; son verdadero <em>tours de force<\/em>: ap\u00f3logos sobre la resiliencia compartida, la capacidad comunitaria de aguante y destreza en situaciones deportivas, festivas o perform\u00e1ticas caracterizadas por un estr\u00e9s f\u00edsico prolongado, una tasa elevada de demanda prestacional o un nivel intenso de monoton\u00eda gestual. En este panorama de maratones esc\u00e9nicos, <em>Joseph<\/em> se antojaba de pronto contemplativo, l\u00fadico y relativamente sedentario. Sin embargo, Sciarroni no hab\u00eda cambiado de tema. Hab\u00eda hablado, siempre y solo, de performance y resistencia. La pregunta de la que emana <em>Joseph<\/em> es, en el fondo, una reedici\u00f3n posmoderna del dilema ps\u00edquico y social en el que se hab\u00edan empantanado cr\u00f3nicamente los fil\u00f3sofos de la Escuela de Frankfurt. En esta fase aguda de neoliberalismo rampante, ya no se trata de entender por qu\u00e9 una colectividad predispuesta por sus circunstancias a la revoluci\u00f3n opte por el fascismo; sino de discernir por qu\u00e9 una soledad predispuesta para atracones de mundo concreto, opte por apalancarse en las madrigueras sin fondo de la telesocialidad y de la virtualidad; y de explicar c\u00f3mo llegue a ser tan apasionante y de hecho tan adictiva una (in)acci\u00f3n tan extenuante y, en sustancia, tan aburrida como la traves\u00eda oce\u00e1nica del <em>trash<\/em> que derrochan las redes. \u00bfDe qu\u00e9 tipo de resistencia, de qu\u00e9 tipo de aguante est\u00e1n hechos el deporte, la performance casera de la soledad conectada?;\u00bfQu\u00e9 hay de folcl\u00f3rico o autofolcl\u00f3rico en nuestros comportamientos telem\u00e1ticos? Y finalmente, \u00bfEn qu\u00e9 medida la extrema soledad del internauta puede describirse como una forma degradada, o quiz\u00e1s realista, de santidad?<\/p>\n\n\n\n<p>Intentemos, por eso, someter <em>Joseph<\/em> a la regla de tres de las piezas sucesivas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;<\/em>Los valores de destreza que vertebran el baile folkl\u00f3rico representan el criterio formal <em>por<\/em> y <em>a trav\u00e9s <\/em>del cual la comunidad, regal\u00e1ndose un momento de suspensi\u00f3n virtuosa, haciendo est\u00e9ticamente acrobacia de s\u00ed misma y de sus circunstancias,<em> se ve vivir<\/em> <em>su propia imagen<\/em>, engalana el espect\u00e1culo de la cohesi\u00f3n que la mantiene unida; danz\u00e1ndose de esta forma en las coyunturas festivas m\u00e1s variadas, se reconoce como <em>exactamente<\/em> s\u00ed misma y, a la vez, exactamente <em>otra<\/em>; porque pese a celebrar una identidad compartida, cuando baila el colectivo \u201ctransfigura\u201d mediante las <em>figuras<\/em> de la danza su propia contingencia; se reconoce en lo irreconocible; se crece, se sobrepuja: vista as\u00ed, la labor del baile es a la muchedumbre en el marco de la fiesta folcl\u00f3rica lo que la \u201clabor del martirio\u201d es al santo, como individuo aislado, en el marco sagrado de la autoinmolaci\u00f3n; por eso, no es de extra\u00f1ar que las dos cosas, <em>kermesse <\/em>folkl\u00f3rica y fiesta del Patrono, vayan tan regularmente de la mano.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Asimismo \u201cabstraerse\u201d, exponerse y verse reflejada no es algo que la comunidad, como conjunto heterog\u00e9neo de individuos, pueda lograr si no acepta subjetivarse \u201cobjetiv\u00e1ndose\u201d fuera de s\u00ed; si no acepta en suma observarse como en el dispositivo cosm\u00e9tico de abstracci\u00f3n m\u00e1s exacto, m\u00e1s objetivo de todos: como en un espejo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>Joseph <\/em>es solo el ap\u00f3logo m\u00e1s enigm\u00e1tico de una pasi\u00f3n aut\u00f3ptica \u2013 de una aventura de la mirada y del deseo \u2013 que han empujado Sciarroni a explorar todas las manifestaciones de lo especular, de lo gemelar y del desdoblamiento. Sus inicios en el teatro experimental (mucho antes de que el sector lo laureara como core\u00f3grafo) se hicieron en uno de los colectivos teatrales m\u00e1s rompedores de la escena italiana de los 90: <em>Lenz Rifrazioni<\/em> (Lenz Refracciones). Parec\u00eda un signo del destino. Ya en 2012, <em>Joseph <\/em>desplegaba las mil simetr\u00edas (ir\u00f3nicas, fabulosas, monstruosas, angelicales), de la imagen-de-s\u00ed. Y para hacerlo no se serv\u00eda de un espejo, sino de una webcam normalucha y de los algoritmos al uso de un programa de edici\u00f3n como Photobooth, manipulando en tiempo real su propio retrato v\u00eddeo de una manera bastante parecida a como cada cuerpo, en <em>Folk(s)<\/em> desplegaba, multiplicaba, refractaba los patrones matem\u00e1ticos del baile folkl\u00f3rico. Es leg\u00edtimo, por ende, preguntarse a qu\u00e9 alude, m\u00e1s all\u00e1 de nuestra an\u00e9cdota inicial, un t\u00edtulo tan enigm\u00e1tico como <em>Joseph<\/em>: \u00bfa ese paciente Jos\u00e9 (del Antiguo Testamento), desterrado por sus hermanos, cuya especialidad era tener sue\u00f1os en technicolor e intepretarlos? \u00bfO a ese Jos\u00e9 carpintero (del Nuevo Testamento), padre putativo de Cristo, que, por no ser padre biol\u00f3gico de un Hijo telep\u00e1ticamente generado, no tuvo otro destino, tal vez, que el de re-crearse, reinventarse, multiplicarse a s\u00ed mismo, en una especie de ritual l\u00fadico o, justamente, <em>re-creativo<\/em>? Irradiarse, tergiversarse y recombinarse, haci\u00e9ndose con t\u00edtulos de santidad menor en la gran pantalla psicod\u00e9lica de la Salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La paciencia, la dedicaci\u00f3n y terquedad con la que Sciarroni se recrea en las <em>aplicaciones <\/em>del software conforman, en suma, una especie de martirio hilarante, parecido por resistencia y obstinaci\u00f3n al met\u00f3dico \u201cdanzarse a muerte\u201d de <em>Folk(s)<\/em> o <em>Untitled<\/em>. Es un ejercicio met\u00f3dico de transfiguraci\u00f3n, medio l\u00fadica, medio penosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Si es verdad, como dijo un fil\u00f3sofo, que quien est\u00e1 solo est\u00e1 por definici\u00f3n en la peor de las compa\u00f1\u00edas, no es menos verdaderos que el giro telem\u00e1tico regala al sujeto la chance de amueblar y disfrutar su soledad sin restricciones ni complejos. Contando con un saldo ocio sin precedentes hist\u00f3ricos, la egolog\u00eda (ciencia y disfrute de s\u00ed) se ha debatido durante el \u00faltimo siglo entre dos modos de invertir el tiempo libre: la autoatenci\u00f3n, por un lado; la diversi\u00f3n por otro. Durante un tiempo se crey\u00f3 que estos dos polos fueran excluyentes: se jur\u00f3 \u2013 generalmente lament\u00e1ndolo &#8211; que la distracci\u00f3n fuera enemiga jurada de los rigores introspectivos. Contra todo pron\u00f3stico, y con una solvencia superior a la de cualquier adicci\u00f3n o teleadicci\u00f3n previa, el <em>Social Web<\/em> ha conseguido que solipsismo y entretenimiento pasaran a ser sin\u00f3nimos; y nos ha persuadido a practicar el deporte de columpiarnos online con extremismo y ascetismo (es suficiente pensar en esos videojugadores dispuestos, con tal de no desaprovechar una buena racha, a morir de inanici\u00f3n).&nbsp; Ha en suma arrebatado la soledad a la austeridad de las celdas mon\u00e1sticas y de los diarios \u00edntimos, para convertirla en la traves\u00eda de una espectacular sobreabundancia del mundo y de s\u00ed. Espejo\/espejito de esta nueva egolog\u00eda holgada, de este imperio particular, la webcam nos agasaja con tesoros de deseo, interacci\u00f3n e interignorancia. Ah\u00ed nos reinventamos, nos editamos, nos tuneamos a saciedad \u2013 o insaciablemente -. Quien se conecta, lo hace primeramente consigo mismo; y quien se achicala est\u00e1 sustancialmente seduci\u00e9ndose a s\u00ed mismo: los consumos telem\u00e1ticos posibilitan como ciencia emp\u00edrica un <em>experimentum suitatis<\/em> de nuevo cu\u00f1o, inspirado menos por la indiferencia al mundo que por una curiosidad rayana en lo pornogr\u00e1fico, donde la escalera de la demanda es siempre abierta hacia arriba. No hay libertad m\u00e1s pegadiza (y los profetas del <em>marketing<\/em> lo saben) que la de elegir y elegirse sin limitaciones de <em>stock<\/em>. Y la soledad egol\u00f3gica que acabamos de describir no se parece en nada a la \u201csoledad absoluta\u201d de los hu\u00e9rfanos metaf\u00edsicos de anta\u00f1o, porque no es una experiencia dura e inmediata de s\u00ed, sino la vivencia <em>soft<\/em> y mediada, o autoest\u00e9tica y medi\u00e1tica, de un <em>self<\/em> metam\u00f3rfico y siempre corregible; de identidades exentas de fatalismo, invariablemente <em>opcionales<\/em> y aliadas del <em>rendering<\/em>. Asimismo, la danza levemente desgarbada que el int\u00e9rprete de <em>Joseph<\/em> ejecuta delante nuestro, en el espacio f\u00edsico, depende enteramente de la prioridad de sumar efectos espec\u00edficos y transfiguraciones gr\u00e1ficas a la danza del doble virtual de Joseph en el cyberespacio. Los espejos telem\u00e1ticos han dejado de ser fieles al sujeto. Es si acaso el sujeto quien manifiesta, hasta el rid\u00edculo, su alta obediencia a la nueva regla especular.<\/p>\n\n\n\n<p>En esto, la econom\u00eda perform\u00e1tica de <em>Joseph<\/em> puede recordar la receta po\u00e9tica de Helena Almeida (que fue tema de estudio de Sciarroni durante la carrera en bellas artes). En los a\u00f1os de la Revoluci\u00f3n de los Claveles (1973-74), la artista portuguesa emprendi\u00f3 un memorable experimento de empleo pict\u00f3rico de la fotograf\u00eda, con la serie <em>Inhabited Paintings<\/em> (pinturas habitadas): una sorprendente colecci\u00f3n de autorretratos en los que la artista interactuaba con la imagen extendiendo simuladamente amplias pinceladas azules sobre el blanco y negro de la pel\u00edcula. Almeida fue pionera, en resumidas cuentas, de la irresistible tendencia de los neo-vanguardistas (y de varias generaciones de performers) a capturar el cuerpo propio, reinvent\u00e1ndolo, \u201caument\u00e1ndolo\u201d, en el espacio de la obra. De forma similar, y con herramientas de edici\u00f3n que la industria ha puesto al alcance de cualquier impulso creativo, el asceta interconectado, el \u201csanto de la soledad\u201d que protagoniza Joseph, encerrado en su propia performance como un objeto entre dos p\u00fablicos \u2013 el literal y el virtual \u2013 se <em>posproduce<\/em> a destajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, preguntarse para qu\u00e9 el <em>social freak<\/em> inmola al consumo de inconsistencias unos capitales tan ingentes de tiempo vital, o preguntarle si no le resulta inaguantable su traves\u00eda diaria del <em>taedium<\/em> telem\u00e1tico, ser\u00eda igual de est\u00fapido que preguntarse si al feto se hagan pesados nueve meses de flotaci\u00f3n y sub-est\u00edmulos, o si al lactante le parezca mon\u00f3tona su dieta. Todos estos \u201csujetos\u201d (el feto, el lactante y el internauta compulsivo) son beata e irresistiblemente cautivos de situaciones org\u00e1nicas y mentales de sobreabundancia, de mimo, de distensi\u00f3n sin l\u00edmites. Puestos en una balanza, el estr\u00e9s y la frustraci\u00f3n de las plataformas virtuales ser\u00e1n siempre irrelevantes ante la potencia de satisfacci\u00f3n que se asocia al uso y abuso del medio: suced\u00e1neo tecnol\u00f3gico de cualquier telepat\u00eda, religi\u00f3n y promesa de para\u00edso previas, Internet convierte el mundo en una experiencia incondicional e incondicionalmente asequible de lujos vicarios. Y si \u201cvirtual\u201d significa algo, se refiere a la cualidad o <em>app<\/em> mental que permite extender sin restricciones a cualquier usuario de terminal el privilegio aristocr\u00e1tico de acceder a cornucopias.<\/p>\n\n\n\n<p>Internet nos ha ense\u00f1ado que la proverbial \u201clevedad del ser\u201d es todo meno<em>s <\/em>insoportable: soportable y adictiva, de hecho, <em>se soporta<\/em> sola suportando con premura maternal, meciendo y arrullando en una grata somnolencia, al sujeto que decide naufragar en su variad\u00edsima ofrenda de chuches y consuelos. Navegar, el verbo del internauta, no deja de ser un acto de <em>flotaci\u00f3n<\/em>, de com-pensaci\u00f3n. No hay en suma egolog\u00eda que, en la nueva cosmovisi\u00f3n, no funcione, a su vez, como una <em>ecolog\u00eda<\/em>. El parentesco etimol\u00f3gico de mimo y mimetismo recobra, gracias a Internet, toda su elocuencia: quien se enfunda en la noche de las redes y en el <em>workout<\/em> autohipn\u00f3tico que suponen, se deja tambi\u00e9n acariciar y proteger por la irresistible suavidad de mil disfraces; por las mil tentaciones del anonimato. Como cualquier ni\u00f1o ser\u00e1 tambi\u00e9n un perverso polimorfo. Y como cualquier adicto estar\u00e1 dispuesto a encarar con audacia y abnegaci\u00f3n el desgaste ps\u00edquico que un uso tan inmoderado de la abundancia supone.&nbsp; Devenir objeto es la \u00faltima y la m\u00e1s embriagadora de las emancipaciones. Que este objeto o <em>no<\/em>bjeto aspire generalmente al rango de art\u00edculo de lujo en el miserable mercadillo de deseo y popularidad de las redes, es s\u00f3lo consecuencia de un giro antigravitatorio general de la <em>affluent society<\/em> o sociedad de la abundancia: el lujo, se mire por donde se mire, es la normalidad que ya nadie se cansa de reivindicar.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la revancha del nerd: el m\u00e1s rico de todos, porque la virtualidad le ha emancipado o descargado de la gravedad de la sustancia (y de cualquier ontolog\u00eda de la identidad), para dejarle libremente ascender a una interfaz de <em>superpoderes<\/em> m\u00e1s que metaf\u00f3ricos. De aqu\u00ed que en ambas versiones de <em>Joseph<\/em>, adulta e infantil, el disfraz definitivo sea el del superh\u00e9roe: del enmascarado que es objeto universal de amor y veneraci\u00f3n mientras despliega la gama de su poder\u00edo paranormal \u2013 que suele incluir el vuelo no motorizado \u2013 sin infringir en ning\u00fan momento el evangelio del anonimato, de la m\u00e1scara. No es ninguna novedad: \u00bfNo se mece en simulacros de acci\u00f3n y org\u00edas sangrientas el <em>nerd<\/em> matazombis y funcionalmente escoli\u00f3tico que juega a <em>Tomb Raider<\/em> cinco horas al d\u00eda? Objeto de la \u00faltima transfiguraci\u00f3n, entre c\u00f3mica y pat\u00e9tica, de <em>Joseph<\/em>, Batman encarna infaliblemente el arquetipo del millonario exitoso cuyo lujo terminal es convertirse a las tantas en \u201ccaballero oscuro\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Eligiendo asemejarse a un murci\u00e9lago, el h\u00e9roe de Gotham City se asemeja al animal-radar que, emitiendo y captando ondas, puede ver en la oscuridad; que se ubica interceptando el reflejo de sus propias transmisiones; que, escaneando al mundo, <em>vol\u00e1ndolo<\/em> literalmente sin miramiento, lo captura todo de forma aleatoria e ilimitada. Como ese p\u00fablico advenedizo de clientes de Chat Roulette que, en <em>Joseph<\/em>, se ve a pesar suyo apresado durante un instante en una ficci\u00f3n esc\u00e9nica; como los espectadores presentes, quienes tambi\u00e9n a su pesar aparecen, tras la espalda de Joseph, en el escenario telem\u00e1tico de una ventana de Chat Roulette, abierta no se sabe d\u00f3nde. O como esos ni\u00f1os de la grada que, en el final <em>Joseph Kids<\/em>, vive la enso\u00f1aci\u00f3n electrizante de ser parte de una imagen virtual que se expande hasta abarcar todo el espacio del teatro, tras haber sido testigo, durante un buen rato, de los desmanes infantiles y avatares tecnol\u00f3gicos de un adulto muy solo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo hab\u00eda dicho Vittorio De Sica: \u201cI bambini ci guardano\u201d (los ni\u00f1os nos observan). Y precisamente porque nos observan y no son ciegos a la monstruosidad eventual de nuestros anhelos y adicciones, es menester que sobre esta aparici\u00f3n final de Batman se produzca la mayor divergencia entre las dos versiones del espect\u00e1culo. En <em>Josef Kids<\/em> no es evidentemente cuesti\u00f3n de empujar la egolog\u00eda hasta los sitiales h\u00famedos del onanismo y de sus tele-utensilios, ni de conjurar la pasmosa cantera de genitales de la Red. Los ojos sin due\u00f1o invitados al Variedad de la soledad de Josef no pueden ser los del p\u00fablico advenedizo, curioso y a menudo c\u00ednico de Chat Roulette. Batman ser\u00e1, aqu\u00ed, precisamente el compa\u00f1ero enigm\u00e1tico que viene a contener (o a compartir) los da\u00f1os de la egolog\u00eda obstinada: el amigo que siempre est\u00e1 para salvarnos, incluso de nosotros mismos, o de poderes que obtuvimos con demasiada facilidad; el compa\u00f1ero an\u00f3nimo, el <em>secret sharer<\/em>, el poliz\u00f3n de la realidad que, para salvarnos, ha de estar justo aqu\u00ed, en el menos virtual de los universos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Roberto Fratini<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/develop.mercatflors.cat\/espectacle\/joseph_kids\/\"><strong>ALESSANDRO SCIARRONI presenta &#8216;JOSEPH_kids&#8217; al Mercat de les Flors el 3 i 4 de febrer de 2024<\/strong><\/a><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Bibliograf\u00eda:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Susan KOZEL (2008), <em>Closer. <\/em><em>Performance, Technology, Phenomenology<\/em>, Cambridge Massachissets: MIT Press<\/p>\n\n\n\n<p>Eric SADIN (2017), <em>La humanidad aumentada<\/em>, Buenos Aires: Caja Negra.<\/p>\n\n\n\n<p>Eric SADIN (2022), <em>La era del individuo tirano. El fin de un mundo com\u00fan<\/em>, Buenos Aires: Caja Negra.<\/p>\n\n\n\n<p>Peter SLOTERDJIK (2006), <em>Esferas III. Espumas<\/em>, Madrid: Siruela.<\/p>\n\n\n\n<p>Wendy STEINER (2010), <em>The Real Real Thing. <\/em><em>The Model in th Mirror of Art<\/em>, Chicago: Chicago University Press.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Links V\u00eddeo:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/watch\/?v=642815786716036\"><strong>https:\/\/www.facebook.com\/watch\/?v=642815786716036<\/strong><\/a> (Teaser N\u00faria Guiu, <em>Likes<\/em>, 2018)<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<iframe loading=\"lazy\" title=\"&quot;Me and my Shadow&quot; Joseph Hyde - Teaser + interview\" width=\"500\" height=\"281\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/7ThOOyTdX9Y?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe>\n<\/div><figcaption class=\"wp-element-caption\">(Teaser + documental, Joseph Hyde, <em>Me and My Shadow<\/em>, 2012)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><a href=\"http:\/\/Extracto Xavi Bob\u00e9s, El rei de la soledat, 2013\"><strong>Extracto Xavi Bob\u00e9s, <em>El rei de la soledat<\/em>, 2013<\/strong><\/a><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<iframe loading=\"lazy\" title=\"Letter. &quot;El Otro cuerpo y\/o Luces en Lichtkleid&quot;\" width=\"500\" height=\"375\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/1wP4iTbGhWw?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe>\n<\/div><figcaption class=\"wp-element-caption\">(Letter. &#8220;El Otro cuerpo y\/o Luces en Lichtkleid&#8221;)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.tiktok.com\/@candelacapitaan\/video\/7277207632308456737\"><strong>Teaser TikTok, Candela Capit\u00e1n, <em>Solas<\/em>, 2023<\/strong><\/a><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<iframe loading=\"lazy\" title=\"&#039;The Watching Machine&#039; - MACARENA RECUERDA SHEPHERD\" width=\"500\" height=\"281\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/5Oy6DE9SvpY?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe>\n<\/div><figcaption class=\"wp-element-caption\">(Extracto Macarena Recuerda Shepherd, <em>The Watching Machine<\/em>, 2022)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Links de inter\u00e9s:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.tandfonline.com\/doi\/full\/10.1080\/13528165.2020.1868856\"><strong>https:\/\/www.tandfonline.com\/doi\/full\/10.1080\/13528165.2020.1868856<\/strong><\/a><strong> <\/strong>(PDF online Douglas EACHO, \u201cWeb-Dance\u2019s Era of Ecstasy\u201d, <em>Performance Research 25(5)<\/em>, pp. 143-144)<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.academia.edu\/36839130\/New_Media_Dance_Where_is_the_performance\"><strong>https:\/\/www.academia.edu\/36839130\/New_Media_Dance_Where_is_the_performance<\/strong><\/a> (PDF online, Paula VARANDA, \u201cNew Media Dance \u2013 Where\u2019s the Performance?\u201d, en Carla FERNANDES (ed.), <em>Multimodality and Performance<\/em> (2016), Newcastle: Cambridge Scholar\u2019s Publishing)<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.academia.edu\/36839099\/Dance_performance_in_cyberspace_self_and_social_experienced_with_the_body\"><strong>https:\/\/www.academia.edu\/36839099\/Dance_performance_in_cyberspace_self_and_social_experienced_with_the_body<\/strong><\/a> (PDF online, Paula VARANDA, \u201cDance Performance in Cyberspace. Self and Social Experienced with the Body\u201d, en Ana VICENTE (ed.) (2014), <em>Post-screen \u2013 Device, Medium and Concept<\/em>, Lisboa: faculdeade de Belas Artes Universidade de Lisboa)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s de Joseph y mientras realizaba Joseph Kids el spin-off infantil de la performance, Sciarroni atender\u00eda sobre todo a las implicaciones y a los formatos de la resistencia y de la extenuaci\u00f3n<\/p>\n","protected":false},"featured_media":188856,"template":"","categoria":[],"etiqueta_blog":[],"class_list":["post-188785","blog","type-blog","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v22.6 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>&#039;Santo de la soledad&#039;, per Roberto Fratini - Mercat de les Flors<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/develop.mercatflors.cat\/en\/blog\/santo-de-la-soledad-per-roberto-fratini\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"en_US\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"&#039;Santo de la soledad&#039;, per Roberto Fratini - 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