{"id":116723,"date":"2017-10-23T09:29:34","date_gmt":"2017-10-23T09:29:34","guid":{"rendered":"https:\/\/develop.mercatflors.cat\/blog\/?p=1175"},"modified":"2023-06-15T09:46:14","modified_gmt":"2023-06-15T09:46:14","slug":"sobre-mujeres-de-polvo-y-de-aire-por-roberto-fratini","status":"publish","type":"blog","link":"https:\/\/develop.mercatflors.cat\/en\/blog\/sobre-mujeres-de-polvo-y-de-aire-por-roberto-fratini\/","title":{"rendered":"&#8216;Sobre mujeres de polvo y de aire&#8217;, por Roberto Fratini"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>\u201cQueremos vivir en la Tierra, esta Tierra,<br \/>\npero no como esti\u00e9rcol, como viene sucediendo desde hace cuatro mil a\u00f1os.<br \/>\nNi nos conoce, ni quiere conocernos, pero este ser\u00e1 su error mortal,<br \/>\nporque encerradas en la oscuridad de su har\u00e9n<br \/>\ny aisladas en nuestros guetos miserables o lujosos<br \/>\nhemos tenido tiempo de espiarle,<br \/>\nde observar a nuestro carcelero, a nuestro se\u00f1or.<br \/>\nOh, s\u00ed, ya sabemos qui\u00e9n es.<br \/>\nLo sabemos todo sobre ti.<br \/>\nT\u00fa eres el payaso, el marciano.<br \/>\nHermanas! Miradle, mirad c\u00f3mo se esconde!\u201d<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(Federico Fellini, <em>La citt\u00e0 delle donne<\/em>)<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>\u201cCuando se iba de casa, mi padre me daba una pistola con tres balas. Si un soldado llamaba a la puerta, yo deb\u00eda matar a mi hermana, a mi madre\u00a0 y a m\u00ed misma. Yo me preocupaba por si mi madre deb\u00eda ver morir a mi hermana o si mi hermana deb\u00eda ver morir a mi madre primero, o qu\u00e9 ocurrir\u00eda si fallaba. Solo ten\u00eda tres balas. \u00bfY qu\u00e9 pasa si comet\u00eda un error y era otra persona la que llamaba a la puerta?\u201d <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">(una mujer africana)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En qu\u00e9 lugar extra\u00f1o <em>se encuentran<\/em> Sol, Minako, Julie, Shreyashee, Adele, Lina y Marta? En qu\u00e9 raza de campo? En qu\u00e9 favela? En qu\u00e9 buen tunt\u00fan, en qu\u00e9 neutralidad inc\u00f3moda? Llegaremos all\u00ed desde lejos: esta es la historia del mundo, y ojal\u00e1 no hablara m\u00e1s que de m\u00fasica y danza. Pero es la historia de una guerra. Y la historia de un lugar en la guerra, a falta de un lugar en la tierra.<\/p>\n<p>El imaginario masculino se ha dedicado con esmero en los 5 \u00faltimos milenios, a encerrar las mujeres en su cuerpo, y a extraditar ese cuerpo en regiones de lenguaje y significado calculadamente nebulosas. Si para los griegos la vinculaci\u00f3n forzosa de las mujeres con los asuntos del cuerpo y su sometimiento a la <em>regla<\/em> general de todo lo c\u00edclico que preside al mundo de las necesidades biol\u00f3gicas (de la reproducci\u00f3n a la alimentaci\u00f3n) era suficiente para excluirla de la acci\u00f3n pol\u00edtica al mismo t\u00edtulo que los esclavos y los ni\u00f1os, fue incluso m\u00e1s f\u00e1cil, para la tradici\u00f3n del pensamiento judeocristiano, ponerle todos los colores de la metaf\u00edsica al antiguo parentesco entre mujeres y enigma y, en un mundo cada vez m\u00e1s secuestrado por la supremac\u00eda del <em>logos<\/em> en todas sus formas (leyes, escrituras, f\u00f3rmulas, dogmas, verdades), depositar en esa excepci\u00f3n perturbadora, en esa alteridad indomable, en lo escurridizo de ese cuerpo \u201cotro\u201d, todo tipo de miedo ancestral. La historia de la dominaci\u00f3n masculina es el m\u00e1s antiguo de los cuentos de terror. Su terror estructural fue suficientemente extenso como para que lo ambiguo, lo secreto, lo m\u00faltiple, lo inasible de ese cuerpo y de su sexualidad (\u201ccontinente oscuro\u201d, fue el ambiguo piropo de Freud) fueran percibidos como una predisposici\u00f3n espont\u00e1nea (o como la fatal consecuencia de una antigua cata de manzanas) a la mentira y a la traici\u00f3n. La revoluci\u00f3n cient\u00edfica no afianz\u00f3 la met\u00e1fora de la Madre Naturaleza que como contrapartida dulzona de una misoginia\u00a0 estructuralmente agresiva: la expres\u00f3 divinamente Francis Bacon, al describir la ciencia experimental como el arte masculino de torturar, manosear, enjuiciar, diseccionar la Naturaleza para que confesara sus secretos, para que revelara los patrones ocultos de su comportamiento impredecible y catastr\u00f3fico. Su vocabulario se inspiraba sin vacilar en m\u00e9todos de obtenci\u00f3n de la verdad que la gran cacer\u00eda de brujas (que se hallaba en su apogeo mientras Bacon escrib\u00eda) hab\u00eda ampliamente promovido. <em>We Women<\/em> es como una caricia brusca: el homenaje de 7 mujeres a la carne de un enigma humillado por mil represalias, atravesado por mil interrogatorios. \u201cHumiliatio\u201d, la humillaci\u00f3n, viene de \u201chumus\u201d, la tierra, el suelo. Humillar es sobre todo esto: empujar a alguien al suelo. Asemejarlo al polvo que muerde.<\/p>\n<p><em>Bestia cupid\u00edsima<\/em> (fiera codiciosa de todo y sobre todo de placeres carnales) seg\u00fan una definici\u00f3n grata a la teolog\u00eda medieval, la mujer ha conocido todos los estadios de la animalizaci\u00f3n. Porque contemplar en ella un suced\u00e1neo de animal (o pensar como un animal su \u00fatero: la bestezuela inquieta en el vientre de todas, seg\u00fan los fisi\u00f3logos antiguos) justifica a priori el dominio: el pretexto de prevaricaci\u00f3n con m\u00e1s <em>pedigree<\/em> sigue siendo la idea de que, al igual que los animales dom\u00e9sticos, la mujer no sepa valerse por s\u00ed misma y que es oportuno, por su bien, ponerle un cencerro. Si elije una vida m\u00e1s irregular, m\u00e1s salvaje o simplemente m\u00e1s solitaria, hela de pronto transformada en zorra, musara\u00f1a, loba, cochina. Su cuerpo, en cambio, tal y c\u00f3mo lo despliega la jerga masculina en todos los idiomas, es un zool\u00f3gico de animalitos reconfortantes y consumibles (<em>passere<\/em>, <em>chattes<\/em>, almejas, conejos, etc.). Pienso siempre en el final de <em>Lola Mont\u00e9s<\/em> (\u201cmont\u00e9s\u201d, justamente, como ciertos gatos insumisos) de Max Oph\u00fcls, en el que la protagonista, una mujer de espect\u00e1culo de vida libre y promiscua, amante de artistas y reyes, termina su aventura existencial en un circo cuyo empresario, para rentabilizar el renombre sexual de Lola, la exhibe encerrada en una jaula como \u201cLa fiera m\u00e1s peligrosa de todos los tiempos\u201d. Los hombres hacen cola, con una moneda en la mano, para poderla tocar a trav\u00e9s de los barrotes.<\/p>\n<p>Y pienso en la siniestra complacencia con que \u00a0los eclesi\u00e1sticos han recomendado durante siglos a los feligreses que practicaran en el sexo la postura \u201ca tergo\u201d, por reproducir \u00e9sta m\u00e1s fielmente el coito animal, y por servir mejor la finalidad puramente reproductiva del sexo, reduciendo al m\u00ednimo el placer (o as\u00ed cre\u00edan los eclesi\u00e1sticos), impidiendo al animal hembra ver al macho y sus partes \u00edntimas (el macho, a su vez, podr\u00eda centrarse en el anonimato edificante de una vagina desprovista de rostro, sin dejarse distraer por la cara y por el goce ileg\u00edtimo de la hembra). La historia de la dominaci\u00f3n masculina es tambi\u00e9n la historia de una asimetr\u00eda \u201cesc\u00f3pica\u201d, en el que la desventaja de verse reducidas a cuerpo ped\u00eda gritos el ultraje a\u00f1adido y estructural de que el cuerpo se convirtiera en imagen \u201cpalpable\u201d, pasible de consumos fantasmales y f\u00edsicos. La prostituci\u00f3n &#8211; \u201cheterotopia\u201d inveterada y reveladora del paradigma de dominaci\u00f3n que describo &#8211; lleva en el ADN este reparto diferenciado de la ventaja esc\u00f3pica: <em>pro-stitutum <\/em>es todo aquello que \u201cest\u00e1 puesto delante\u201d para que se lo mire, se lo aprecie, se lo precie, se lo desee, se lo baraje.<\/p>\n<p>La desventaja material, espiritual y pol\u00edtica que supuso la costumbre de asignar a las mujeres un lugar demasiado abisal en la gama antr\u00f3pica de un universo a medida de var\u00f3n no se ha visto realmente rectificada por la tendencia, totalmente complementaria, de asignarles un puesto excelso en la misma gama. La as\u00ed llamada <em>Ewigweiblichkeit <\/em>(\u201ceterno femenino\u201d o \u201cesencia eterna de lo femenino\u201d) es otro de estos misterio provechoso: fantasmag\u00f3rico globo sem\u00e1ntico, Goethe la concibi\u00f3 como la representaci\u00f3n de la parte benigna y amorosa del amor de dios, una energ\u00eda maternal e incondicional, celestialmente ajena a la aridez de la l\u00f3gica, dotada de inmensos poderes salv\u00edficos y de indudables talentos \u201cascensionales\u201d. Vista as\u00ed, la <em>Ewigweiblichkeit<\/em> fue tambi\u00e9n el mejor colof\u00f3n al siglo balet\u00edstico de las s\u00edlfides, wilis, peris, lib\u00e9lulas, mariposas, cisnes y copos de nieve. Por muy redentora (o al menos halagadora) que se antojara, la versi\u00f3n aerost\u00e1tica de lo femenino implementada por el Romanticismo no dej\u00f3 de constituir la met\u00e1fora involuntaria de una irresistible \u201cinflaci\u00f3n\u201d del significante <em>mujer<\/em>, dilatado por la sarta de prejuicios, mitos y simples mentiras del que se hab\u00eda llenado su violenta alteridad. La <em>mujer<\/em> del discurso ha terminado por parecerse a esas barbaridades de las que se dice que habr\u00eda que abrir las ventanas para que salgan flotando. Vientre infinito lleno de nada y que es por ende capaz de gestarlo, de alumbrarlo, y ocasionalmente de redimirlo todo, la gloriosa versi\u00f3n de feminidad que los hombres han gustado de fabricar es a la producci\u00f3n de significado lo que un embarazo hist\u00e9rico es a la reproducci\u00f3n de la vida: una hinchaz\u00f3n enga\u00f1osa, llena de inconsistencia y expectaciones, que ha ido a m\u00e1s por inflaciones progresivas, rebosante del vac\u00edo que la ensanchaba, producto de la des-realizaci\u00f3n y del auto-enga\u00f1o. Mientras este globo volara, no habr\u00eda sustancialmente l\u00edmite a las proyecciones, a los proyectos y a las tergiversaciones que el universo masculino hubiese decidido conminarle.<\/p>\n<p>Tal vez el vuelo sea la imagen m\u00e1s fehaciente de la huida imperfecta, de la emancipaci\u00f3n inconclusa. Todo lo que vuela asciende, para bien o para mal, al r\u00e9gimen de la imagen (y adem\u00e1s de una imagen especialmente huidiza, flotante, inasible) y es tratado, para bien o para mal, \u00a0como se suelen tratar las im\u00e1genes (es decir con pocos escr\u00fapulos y mucha fantas\u00eda). Cuando las hembras voladoras de la l\u00edrica amorosa desembarcaron en los teatros (en forma de hadas o s\u00edlfides), se quiso que expresaran su ingravidez surcando el escenario a varios metros de altura, precariamente amarradas a unas chirriantes, aproximativas maquinarias llamadas \u201cvuelos\u201d, tiradas a trompicones por los maquinistas. Much\u00edsimas ca\u00edan dej\u00e1ndose la carrera o la vida. Hubo recogida de firmas para que se pusiera fin a esta inaceptable matanza de bailarinas, y el promotor de tan humanitaria petici\u00f3n fue Th\u00e9ophile Gautier, el mismo escritor-periodista que bautiz\u00f3 \u201cenvol par la danse\u201d (\u201cvuelo, despegue o <em>rapto<\/em> a trav\u00e9s de la danza\u201d) el efecto est\u00e9tico generado por el baile en puntas. Su otra especialidad literaria fueron las necrol\u00f3gicas de bailarinas difuntas. Obr\u00f3 mucho para que vivas o muertas, en puntas o en ata\u00fades, \u00a0las bailarinas no dejaran de emprender rutas verticales.<\/p>\n<p>Breve cat\u00e1logo irrazonable e incompleto de hembras voladoras por amor o por fuerza:<\/p>\n<p>Laika, la perra que los rusos mandaron a morir en el espacio profundo para medir la eficacia del primer cohete extra-orbital.<\/p>\n<p>Los animales hembras que los hermanos Montgolfi\u00e8re amarraron simp\u00e1ticamente a su primer globo.<\/p>\n<p>La Mujer Ca\u00f1\u00f3n de los circos de anta\u00f1o, la que sal\u00eda disparada por un hoyo en la carpa.<\/p>\n<p>Mary Poppins (y todas las ni\u00f1eras vinagradas a las que el viento barre sin piedad para que Poppins pueda aterrizar con la suavidad de un zeppelin presidencial).<\/p>\n<p>La mujer aviadora, paracaidista, nadadora o bailarina de los anuncios de compresas: la que normalmente est\u00e1 en casa cocinando o en un despacho trabajando, pero que elije los d\u00edas clave del ciclo menstrual para tirarse desde un avi\u00f3n o acudir a cursos de Bollywood (las compresas m\u00e1s vanguardistas &#8211; tan ligeras que conminan la sensaci\u00f3n de estar sentadas en una nube de frescor &#8211;\u00a0 tambi\u00e9n\u00a0 tienen \u201calas\u201d). Alguien ha justamente observado que es dif\u00edcil hablar de emancipaci\u00f3n mientras en anuncios de este tipo el fluido menstrual sigue represent\u00e1ndose como un l\u00edquido azul.<\/p>\n<p>Wonder Woman.<\/p>\n<p>La Azafata de antes del boom <em>low-cost<\/em> (verdadero arquetipo del subconsciente tur\u00edstico colectivo): rubia despampanante que reparte sonrisas y bandejas de comida incomestible entre las nubes, y a la que &#8211; seg\u00fan un mito que tuvo cierta difusi\u00f3n en los 80 &#8211; la silicona de los pechos puede revent\u00e1rsele en pleno vuelo a causa de la despresurizaci\u00f3n (un problema que Wonder Woman no tiene).<\/p>\n<p>El mosquito hembra (el que pica). La abeja hembra (la que curra). La cigarra hembra (la que canta). La mantis hembra (la que mata).<\/p>\n<p>Santa Rita da Cascia, que quiso ser monja y la rechaz\u00f3 el cenobio (por ser madre y casada), hasta que una noche fue llevada en vuelo por los \u00e1ngeles hasta el convento y depositada en medio del claustro (el cenobio tuvo que resignarse).<\/p>\n<p>La Hija del dios Indra en \u201cEl sue\u00f1o\u201d de Strindberg, que ejecuta entre nubes un aterrizaje muy aparatoso para cerciorarse con desasosiego de qu\u00e9 asco y qu\u00e9 pena es el mundo.<\/p>\n<p>Las Valquirias, que son v\u00edrgenes y guerreras, porque de no ser v\u00edrgenes, se ve, no podr\u00edan guerrear.<\/p>\n<p>Las \u201csilbantes\u201d de una extraordinaria novela de Antonia Byatt: criaturas m\u00edticas y depositarias de un saber ir\u00f3nico sobre el mundo, que planean anunci\u00e1ndose con un silbido aterrador.<\/p>\n<p>Todas las mujeres-p\u00e1jaro de la mitolog\u00eda (arp\u00edas, estriges, sirenas, esfinges, etc.), que siempre hacen las veces de una pluralidad inquieta, de una muchedumbre flotante, escurridiza, compacta, enigm\u00e1tica y <em>airada<\/em> (Las arp\u00edas ten\u00edan la holgada costumbre de aguarles la fiesta y los festines a los machos de la epopeya defecando con abundancia sobre copas y bandejas &#8211; \u201ccag\u00e1ndose\u201d literalmente en todo -); que encarnan con la mayor hostilidad posible una tremebunda fantas\u00eda masculina (\u201cLos p\u00e1jaros\u201d de Hitchcock no habla de otra cosa: de los p\u00e1jaros asesinos como alegor\u00eda del acecho que supone la inescrutable sexualidad de la hembra humana).<\/p>\n<p>La imagen general ser\u00e1 m\u00e1s completa y menos deprimente si recordamos que los p\u00e1jaros llevan una vida hecha de ciclos y desplazamientos; que llevan inscrita en el ADN una memoria infalible de los lugares y una asombrosa consciencia del peligro; que saben apoyarse en las ramas sin doblarlas, y en los cables el\u00e9ctricos sin electrocutarse. Que s\u00f3lo transportan al nido el agua que cabe en su pico, y que mientras la llevan no pueden cantar. Que mientras vuelan se hace al menos m\u00e1s dif\u00edcil matarlos. El vuelo expresa toda la fantasmag\u00f3rica ambivalencia de una met\u00e1fora que debi\u00f3 ser halagadora y que termina siendo siempre la ocasi\u00f3n de un odio renovado. Cada acto de emancipaci\u00f3n, en la historia de los g\u00e9neros, no ha hecho sino llevar la misoginia a nuevas cotas de reacci\u00f3n. El resultado es que incluso la celebraci\u00f3n de la emancipaci\u00f3n se expone a lecturas mis\u00f3ginas de todo tipo (tal vez porque hay algo intr\u00ednsecamente mis\u00f3gino en la met\u00e1fora como principio). Valga para todos el ap\u00f3logo de Eur\u00edpides. Medea mata a los hijos que tuvo de Jas\u00f3n no ya (o no tan s\u00f3lo) para vengarse de la traici\u00f3n de \u00e9ste, sino para evitar que los ni\u00f1os se cr\u00eden en una ciudad hostil, expuestos a la crueldad insolidaria de personas extranjeras. Mat\u00e1ndolos (y abortando acto seguido al nuevo hijo que espera) la hero\u00edna se libera de la \u00faltima traba a su represalia, del \u00faltimo v\u00ednculo, del \u00faltimo freno a su vuelo salvaje: sacrificio, si se quiere, y acto extremo de emancipaci\u00f3n. Era previsible que, al salvarse volando (en un medio a\u00e9reo prove\u00eddo por su pap\u00e1, el Sol) de la represalia por matar a sus hijos, fuera tildada de puta, fiera y monstruo por toda la literatura antigua. Y era org\u00e1nico que de Eur\u00edpides no se supiera nunca si dedic\u00e1ndole una tragedia quiso rehabilitarla o reprobarla. Desde luego que su ejemplo (el de Eur\u00edpides, y el de Medea) hall\u00f3 en la historia incontables imitadoras e imitadores.<\/p>\n<p>Las cristian\u00edsimas mujeres de la Edad Media practicaron el aborto y el infanticidio (estrangulando al nacer las criaturas cuya subsistencia no pod\u00edan garantir materialmente) con una frecuencia y con una ausencia de complejos que asombrar\u00edan al ex-ministro Gallard\u00f3n. Abortar (una actividad en la que las mujeres sol\u00edan ser asistidas por otras mujeres de la misma familia o aldea) fue para todas ellas soltar algo del peso que las ataba m\u00e1s a\u00fan a los hombres, a la tierra de esos hombres, y a las leyes y normas que a esos hombres conminaban la posesi\u00f3n de toda tierra y de toda mujer. Dichas pr\u00e1cticas de autogesti\u00f3n de las pol\u00edticas de natalidad, pragm\u00e1ticamente toleradas por los hombres, no fueron objeto de una censura ideol\u00f3gica masiva y de una persecuci\u00f3n f\u00e1ctica hasta bien entrado el siglo XV. Pese a toda la reprobaci\u00f3n teol\u00f3gica, hasta comienzos de la Edad Moderna se reconoci\u00f3 a las mujeres un incuestionable derecho de propiedad y deliberaci\u00f3n sobre su cuerpo y sobre el fruto de su vientre, que las mujeres \u201cadministraban\u201d con realismo y teniendo en cuenta una serie de reticencias objetivas (principalmente la reticencia a dar a luz m\u00e1s siervos en una econom\u00eda dominada por la servidumbre).<\/p>\n<p>Las cosas cambiaron sensiblemente cuando, al finalizar la Edad Media, la\u00a0 naciente econom\u00eda mercantilista fue reorganiz\u00e1ndose en pos de esa \u201cacumulaci\u00f3n originaria\u201d que muchos ven como el verdadero arranque del capitalismo. La herramienta m\u00e1s cotizada para obtener en el reparto de los recursos esos desequilibrios que har\u00edan la fortuna de pocos y la indigencia de muchos, fue la expropiaci\u00f3n masiva. M\u00e1s y m\u00e1s peque\u00f1os propietarios se vieron reducidos al rango de trabajadores asalariados; lo que sobre todo se cerc\u00f3 y expropi\u00f3 con sa\u00f1a fueron esos terrenos de uso com\u00fan que hab\u00edan sido hasta entonces el principal escenario de prestaci\u00f3n laboral y de emancipaci\u00f3n econ\u00f3mica de las mujeres, que se hab\u00eda ocupado tradicionalmente de los recursos \u201csolidarios\u201d destinados a la subsistencia colectiva. Para que el descontento popular no se convirtiera en abierta hostilidad, \u00a0se afianz\u00f3 de forma casi autom\u00e1tica la estratagema de convertir precisamente las mujeres en el suced\u00e1neo de la propiedad que much\u00edsimos hab\u00edan perdido: el lote, la parcela, el terreno sobre el que cada uno de los hombres volv\u00eda a tener un derecho absoluto de explotaci\u00f3n. La historia de la dominaci\u00f3n masculina es tambi\u00e9n una historia de precarizaciones sucesivas.<\/p>\n<p>Las ciudades se llenaron de burdeles porque un tercio de las mujeres, desabastecidas de cualquier recurso, se dieron a la prostituci\u00f3n. Se desalent\u00f3 en ellas cualquier veleidad de adquirir una m\u00ednima independencia laboral: se las releg\u00f3 imperativamente a las tareas del hogar (y a esas labores se neg\u00f3 toda dignidad \u201claboral\u201d espec\u00edfica). Los lazos de solidaridad entre mujeres fueron atacados con virulencia (prohibici\u00f3n de reunirse con otras mujeres, incluyendo las parientes; expulsi\u00f3n de las mujeres del teatro del alumbramiento, ante una creciente adscripci\u00f3n de las competencias en materia de reproducci\u00f3n a los m\u00e9dicos hombres, etc.). Se censuraron todas las formas de sabidur\u00eda que las mujeres hab\u00edan desarrollado, cultivado y practicado en exclusiva durante siglos (medicina natural, magia etc.), por incompatibles con un nuevo orden econ\u00f3mico basado en una relaci\u00f3n cuantitativa y objetiva entre trabajo y beneficio (un mundo m\u00e1gico es peligroso para cualquier forma de mercado).<\/p>\n<p>Se exaltaron en las mujeres los protocolos de la sumisi\u00f3n, del silencio, de la obediencia, de la pasividad; y, dado que las pestilencias de finales del siglo XIV, al matar un tercio de la poblaci\u00f3n europea, hab\u00edan representado una fuerte mengua de la mano de obra asalariada, las clases dominantes, preocupadas por fomentar el crecimiento demogr\u00e1fico, promovieron una campa\u00f1a ideol\u00f3gica sin precedentes a favor de la criminalizaci\u00f3n de cualquier forma de control femenino de la natalidad. El aborto (espont\u00e1neo o provocado) empez\u00f3\u00a0 a penarse con la muerte (en los dos siglos siguientes las mujeres ejecutadas por infanticidio o aborto casi doblar\u00e1n, en n\u00famero, las mujeres ejecutadas por brujer\u00eda). La misma quema de brujas fue la expresi\u00f3n mastod\u00f3ntica de este terrorismo de estado que apuntaba, en tiempos de \u201cacumulaci\u00f3n originaria\u201d, a disuadir las mujeres de cualquier comportamiento que constituyera un sabotaje potencial a las l\u00f3gicas del nuevo capitalismo de cu\u00f1o masculino (sabotaje, por ende, a la acumulaci\u00f3n cuantificable de bienes como a la acumulaci\u00f3n cuantificable de nueva mano de obra).<\/p>\n<p>Por todo esto, no habremos dicho mucho diciendo simplemente que a partir de ese momento las mujeres, hist\u00f3ricamente, pertenecieron a la tierra. Ser\u00e1 m\u00e1s correcto decir que, a partir de ese momento, la tierra a la que pertenec\u00edan <em>dej\u00f3 de pertenecerles<\/em>. Y que esto entreg\u00f3 su relaci\u00f3n con el espacio del cuerpo, y con el cuerpo del espacio, a una cadena de paradojas. A una extra\u00f1a s\u00edntesis de territorializaci\u00f3n y destierro. De exclusi\u00f3n y reclusi\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Siempre recuerdo esa extraordinaria secuencia de &#8220;Lo que el viento se llev\u00f3&#8221; en la que bajo el bombardeo de Atlanta, en la mansi\u00f3n desierta, Escarlata se improvisa comadrona para ayudar Melania a dar a luz en una ciudad asediada. Hay un momento en el que Escarlata, sabiendo cu\u00e1nto Melania sea conocida en sociedad como una esposa remilgada y de buenos modales, le dice &#8220;No te hagas la valiente. Grita, Melania: aqu\u00ed no hay nadie que escuche tus gritos&#8221;.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>Tal vez merezca la pena acercarse a este problema de reducci\u00f3n, contracci\u00f3n y <em>corporealizaci\u00f3n<\/em> de espacios desde el lugar m\u00e1s indignante. A la violaci\u00f3n en pandilla se atribuyeron, desde la Edad Media, rasgos veladamente \u201cperformativos\u201d: bravuconada socializadora, prestaci\u00f3n deportiva, broma gregaria, espect\u00e1culo, <em>danza<\/em> (que es c\u00f3mo la jerga de las clases desfavorecidas, en las novelas de \u00c9mile Zola, suele describir toda clase de violencia de g\u00e9nero). Hoy d\u00eda, en contextos socialmente conflictivos, los lugares en que los violadores llevan a cabo cr\u00edmenes de esta clase siguen recibiendo nombres como \u201csala de producci\u00f3n\u201d, \u201csala de cine\u201d, \u201cescenario de luz azul\u201d (respectivamente en Filipinas, Vietnam y China). La explicaci\u00f3n \u201cesencialista\u201d de la violencia de g\u00e9nero insiste en que se trata de una tendencia antropol\u00f3gicamente \u201cnaturalizada\u201d: violar vendr\u00eda a ser \u201clo que todos los hombres har\u00edan normalmente a cualquier mujer en ausencia de censuras morales, control social, penalizaciones jur\u00eddicas\u201d (seg\u00fan la corriente esencialista, la mujer acepta hist\u00f3ricamente ser propiedad de su marido y v\u00edctima exclusiva de sus violaciones, con tal de que un solo hombre\u00a0 le ofrezca protecci\u00f3n contra todos los dem\u00e1s).<\/p>\n<p><em>En la gran mayor\u00eda de sociedades patriarcales se supone que el principal da\u00f1ado por la violaci\u00f3n es el padre o marido o hermano de la mujer violada. Por ende, una respuesta bastante t\u00edpica a la violaci\u00f3n de una mujer de la familia es la violaci\u00f3n colectiva de una mujer de la familia del violador por parte de los varones de la parte ofendida. Aunque por supuesto, se puede remediar a la deshonra obligando al violador a casarse con su v\u00edctima. La conclusi\u00f3n es que, por lo general, en teatros de guerra (donde precisamente este tipo de reparaci\u00f3n al honor es impensable por pertenecer el violador a un pueblo enemigo y por ser an\u00f3nimo) la mujer ha de considerar la muerte como una salida preferible a la deshonra que supondr\u00eda para los hombres de su familia ser violada.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>Si una vertiente \u201cpolemol\u00f3gica\u201d del pensamiento feminista ha podido describir la violaci\u00f3n como el acto m\u00e1s emblem\u00e1tico de una guerra perpetua contra el g\u00e9nero femenino, es porque la guerra misma constituye desde siempre el marco en el que la violencia sexual masiva y sistem\u00e1tica halla su aplicaci\u00f3n m\u00e1s indiscriminada, por no decir\u00a0 prescriptiva: autorizando y refrendando la regresi\u00f3n a formas primitivas de agresividad masculina, la guerra refrenda tambi\u00e9n la regresi\u00f3n a formas muy primitivas de econom\u00eda del deseo y de la propiedad. Y ya que la mujer del pa\u00eds invadido es el bot\u00edn m\u00e1s b\u00e1sico, el m\u00e1s abundante, el m\u00e1s asequible, es l\u00f3gico que la ret\u00f3rica militarista eche generosamente mano de met\u00e1foras de violaci\u00f3n, penetraci\u00f3n, dominaci\u00f3n para describir al acto en s\u00ed de la invasi\u00f3n; y que presente el territorio enemigo como gran cuerpo insidioso al que es vitalmente necesario violar, someter, pre\u00f1ar.<\/p>\n<p>Las sociedades que se asoman al abismo de la guerra suelen desplegar im\u00e1genes de hiper-masculinidad (cuyo objetivo es movilizar <em>in primis<\/em> la parte m\u00e1s marginada de la poblaci\u00f3n masculina) y acentuar las esclerosis propias de las l\u00f3gicas de g\u00e9nero, por el simple hecho de que la inestabilidad econ\u00f3mica y material que acompa\u00f1a a la crisis pone a muchos hombres en una situaci\u00f3n de \u201cemasculaci\u00f3n\u201d simb\u00f3lica, que puede ser empleada o \u201calistada\u201d a la causa militar solo reconstituyendo en los hombres mismos la ilusi\u00f3n de un poder muy b\u00e1sico, que es el poder ejercido por cada hombre sobre cada mujer (o bien SU mujer, o bien la mujer del enemigo). Las violaciones vienen a ser una prolongaci\u00f3n del combate con otros medios y <em>en otro territorio, que es el cuerpo femenino<\/em>: tierra de nadie y, por ende, de quien la ocupa.<\/p>\n<p>El aumento del riesgo de violaci\u00f3n sist\u00e9mica en las guerras recientes se debe, de forma bastante natural, a la p\u00e9rdida creciente de espacios de seguridad y zonas francas. La contracci\u00f3n de esos espacios en los entornos de precarizaci\u00f3n que el nuevo orden mundial ha venido multiplicando (y que son a su vez extensiones de la l\u00f3gica de guerra a enclaves de paz aparente) produce exactamente el mismo resultado.<\/p>\n<p>No es un caso que muchas campesinas asi\u00e1ticas o africanas sean violadas precisamente en los campos que deber\u00edan cultivar para el sustento de sus familias (las violaciones de esas campesinas define el patr\u00f3n sobrecogedor, el arquetipo de la violencia extrema a la que se ven expuestas las trabajadoras solteras de Ciudad Ju\u00e1rez en el trayecto que las lleva al puesto de trabajo; y los muchos escenarios de indefensi\u00f3n y no-reconocimiento a los que se expone cualquier mujer trabajadora en el mundo occidental). Un ejemplo bastante gr\u00e1fico de esta l\u00f3gica de \u201cextraterritorializaci\u00f3n\u201d es el siguiente: una de las razones por la que en la sociedades subdesarrolladas las posibilidades de instrucci\u00f3n superior y emancipaci\u00f3n social de las mujeres se ve fuertemente comprometida es el hecho de que, no teniendo en una gran mayor\u00eda de los casos, acceso al agua, las mujeres son las encargadas de ir a recogerla a diario a grandes distancias. Esta tarea (el transporte de agua) ocupa una porci\u00f3n extraordinariamente elevada de su tiempo. Por supuesto, muchas de ellas son violadas en el trayecto entre su aldea y los pozos lejanos, por la simple raz\u00f3n de que el espacio neutro de este trayecto, al dejar de ser neutro, se vuelve una zona de desprotecci\u00f3n especialmente aguda. Toda la energ\u00eda que, precarizando con la amenaza de la violencia el campo de acci\u00f3n de las mujeres, se quita a la econom\u00eda de reproducci\u00f3n y subsistencia que las involucra, termina por aventajar la econom\u00eda productiva y \u201cacumulativa\u201d, la de la globalizaci\u00f3n capitalista. La violaci\u00f3n es un medio de disuasi\u00f3n, un instrumento de represi\u00f3n, y por supuesto un aliciente a la producci\u00f3n. Se ha demostrado que violar a mujeres abarata, en Congo del Este, el mercado semi-clandestino del colt\u00e1n entre grupos rebeldes y corporaciones americanas u orientales (el colt\u00e1n \u2013 del que Congo es principal productor \u2013 es un mineral imprescindible para la industria de los m\u00f3viles y para la construcci\u00f3n de cualquier play-station). Cuando un consumidor preocupado del eventual origen \u201csucio\u201d de las materias primas de su iPod pidi\u00f3 explicaciones a Apple, Steve Jobs contest\u00f3: \u201cExigimos a todos nuestros suministradores que certifiquen por escrito que usan <em>pocos<\/em> (\u00a1) materiales procedentes de zonas de conflicto\u201d.<\/p>\n<p>A menudo, en esas zonas, cuando otros recursos de subsistencia se eclipsan, es bastante com\u00fan que las mujeres se prostituyan con tal de procurar mantener sus familias. El paso de la econom\u00eda reproductiva a una versi\u00f3n parad\u00f3jica de econom\u00eda productiva o a una versi\u00f3n alucinatoria de econom\u00eda de consumo, es ejemplificado con precisi\u00f3n aterradora por el paso, que muchas mujeres experimentan, como resultado del conflicto, del papel de madre, esposa o artesana al de prostituta (y siguen siendo terriblemente escasas las iniciativa jur\u00eddicas emprendidas para incluir las v\u00edctimas de este tipo de prostituci\u00f3n en el apartado victimol\u00f3gico inherente a la violaci\u00f3n).<\/p>\n<p><em>En Liberia las mujeres soldado (que se hab\u00edan alistado valientemente en la lucha para la emancipaci\u00f3n del pa\u00eds) se comprometieron a no tener sexo con sus parejas masculinas mientras durara el conflicto. Consiguieron fondos para enviar a\u00a0 sus representantes a la mesa de las negociaciones de paz. Y alegando una antigua maldici\u00f3n africana que sostiene que un hombre que vea a su madre desnuda se quedar\u00e1 impotente, amenazaron con desnudarse cuando los hombres intentaron cerrar la mesa de negociaciones, y obtuvieron ser incluidas en las negociaciones mismas a partir de ese momento.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>Los convenios y acuerdos internacionales inherentes a la inviolabilidad de ciertos espacios (hospitales, mercados, etc.) son desatendidos sistem\u00e1ticamente. De nuevo, al igual que la precarizaci\u00f3n de los medios de subsistencia compartidos y la precarizaci\u00f3n de los territorios invadidos, la profanaci\u00f3n de los espacios neutros es estructuralmente paralela de la violaci\u00f3n propiamente dicha, por ser esos espacios el teatro de la acci\u00f3n microecon\u00f3mica de las mujeres: se trata casi siempre de espacios a los que las mujeres han de acudir necesariamente en busca de alimento, asistencia sanitaria o protecci\u00f3n para s\u00ed misma y para sus familias. Ni siquiera un espacio nominalmente \u201cprotegido\u201d como el campo de refugiados, se sustrae a esta regla: es m\u00e1s, suele representar un marco especialmente peligroso para mujeres y ni\u00f1as (se ha demostrado que incluso un segmento de los trabajadores humanitarios y del personal ONU destinados al mantenimiento de la paz, est\u00e1 involucrado en la explotaci\u00f3n sexual de las refugiadas de todas las edades. Es parte de este paradigma de explotaci\u00f3n la prostituci\u00f3n forzosa a cambio de especies, protecciones o inmunidades de otro tipo).<\/p>\n<p>La decisi\u00f3n que toma Sol Pic\u00f3 de relegar las 7 protagonistas de <em>We Women <\/em>en un espacio que fluct\u00faa entre el <em>campo<\/em> n\u00f3mada, el <em>campo<\/em> de refugiados, el <em>campo<\/em> de concentraci\u00f3n, el hospital de <em>campo<\/em>, y el <em>campo<\/em> de batalla, es una manera de explicitar la larga historia de un parentesco indignante y estructural entre precarizaci\u00f3n del espacio y precarizaci\u00f3n y violabilidad de los cuerpos. Tambi\u00e9n de brindar una alegor\u00eda concreta al lugar en el que el cuerpo femenino ha sido &#8211; y sigue siendo a vario t\u00edtulo &#8211; el objeto de mil concentraciones, y de mil profanaciones: \u201cencerrado en un espacio que no les pertenece\u201d, remitido a s\u00ed mismo y a su corporeidad como a una c\u00e1rcel que, parad\u00f3jicamente, consigue a la vez recluirlo y <em>forcluirlo<\/em>; encerrarlo y exponerlo.<\/p>\n<p>Encerradas en un <em>afuera<\/em> perpetuo, supeditadas a las reglas de la excepci\u00f3n permanente, el mundo ha querido hacer de las mujeres las depositarias estables de ese estatuto de <em>Nuda Vita<\/em> (vida desnuda: existencia biol\u00f3gica precarizada y por ende infinitamente expuesta al abuso y a la muerte) que en tiempos oscuros se aplic\u00f3 a enteros grupos sociales, \u00e9tnicos o pol\u00edticos. No es exagerado decir que este <em>confino en el cuerpo como extrarradio<\/em> obtuvo de ellas que cruzaran la historia como desde un campo de concentraci\u00f3n: una prisi\u00f3n (y un campo en expansi\u00f3n de abusos posibles) pensadas en las afueras del sistema, para incluir todas las excepciones pasibles de confirmar la regla de dominaci\u00f3n del sistema mismo. <em>Excepci\u00f3n<\/em> (cito Giorgio Agamben) significa precisamente esto: \u201ccaptura fuera de\u201d. En este enclave de perpetuaci\u00f3n de la precariedad y de excepci\u00f3n sist\u00e9mica, se hace impensable cualquier construcci\u00f3n, cualquier proyecci\u00f3n, cualquier logro duradero, cualquier adquisici\u00f3n estable. Cuando Virginia Woolf habl\u00f3 de la ausencia de una \u201chabitaci\u00f3n para s\u00ed\u201d como de la causa simb\u00f3lica de la marginaci\u00f3n cultural de las mujeres, se refer\u00eda en el fondo a la versi\u00f3n burguesa del mismo tipo de \u201creclusi\u00f3n\u201d parad\u00f3jica: la de la \u201cama de casa\u201d, que no es de hecho ama de su casa, y que relegada en su casa no tiene ni siquiera un lugar f\u00edsico y mental que le pertenezca de forma exclusiva. Las mujeres que han residido en los campos n\u00f3madas, los descampados infames y los solares desventrados\u00a0 de la Historia comparten la condici\u00f3n de las que han residido en otros de muchos encierros construidos por la Historia (har\u00e9n, burdel, gineceo, convento, manicomio, etc.), donde se las vigilabas para que observaran el mundo por un visillo. La mujer relegada en una c\u00e1rcel dom\u00e9stica, es objeto del mismo control, de la misma prevaricaci\u00f3n, de la misma expropiaci\u00f3n que afecta a la mujer que por varias razones se encuentra enteramente <em>fuera<\/em> de cualquier refugio, desamparada. Ambas se hallan bajo un mismo, torturante sol de justicia, sin ninguna perspectiva de esconderse o de escaparse. Entregadas a la espera.<\/p>\n<p><em>Cerca de Palermo, a pocas decenas de metros de la costa, hay una peque\u00f1a isla llamada \u201cIsola delle Femmine\u201d (isla de las hembras). Es poco m\u00e1s que un mont\u00f3n de rocas amarillas, sin sombra ni vegetaci\u00f3n, bajo el sol implacable de Sicilia. Desde la playa se puede ver sin impedimento todo lo que haya en la isla (y no suele haber nada). Se desconoce el origen del nombre: algunos dicen que en su tiempo hubo una penal femenina.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>Enga\u00f1ando la espera. Y enga\u00f1adas por la espera.<\/p>\n<p>Much\u00edsima po\u00e9tica de la performance reciente ha brotado de la asom<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tal vez el vuelo sea la imagen m\u00e1s fehaciente de la huida imperfecta, de la emancipaci\u00f3n inconclusa<\/p>\n","protected":false},"featured_media":116725,"template":"","categoria":[6852],"etiqueta_blog":[6857,6858,6482,6500,6494,6503,6817,6561,6506,6859,6860],"class_list":["post-116723","blog","type-blog","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","categoria-temporada-2017-18","etiqueta_blog-africa","etiqueta_blog-butoh","etiqueta_blog-cataluna","etiqueta_blog-danza-etnica","etiqueta_blog-espana","etiqueta_blog-flamenco","etiqueta_blog-gender","etiqueta_blog-genero","etiqueta_blog-india","etiqueta_blog-multi-culturalidad","etiqueta_blog-teatro-danza"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v22.6 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>&#039;Sobre 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