{"id":115727,"date":"2020-05-26T18:00:09","date_gmt":"2020-05-26T18:00:09","guid":{"rendered":"https:\/\/develop.mercatflors.cat\/blog\/?p=1862"},"modified":"2023-06-15T09:48:17","modified_gmt":"2023-06-15T09:48:17","slug":"reflexions-entorn-dun-confinament-roberto-fratini","status":"publish","type":"blog","link":"https:\/\/develop.mercatflors.cat\/en\/blog\/reflexions-entorn-dun-confinament-roberto-fratini\/","title":{"rendered":"ROBERTO FRATINI"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/develop.mercatflors.cat\/blog\/reflexions-entorn-dun-confinament\/\"><span style=\"color: #0000ff;\">&lt; Torna enrere<\/span><\/a><\/p>\n<p><u>Razonable imprudencia<\/u><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Cum diversa musica<\/em><\/p>\n<p>Cuando, hace un par de meses, la entidad y magnitud del asunto Covid se proclamaron urbi et orbi, los ecologistas del alma, los internautas motivados y los cretinos de toda cala\u00f1a nos obsequiaron con mil cartas de amor al virus, v\u00eddeos motivacionales y kits multimediales de autoayuda colectiva. Confiaban a la Covid la solemne tarea de cambiarnos para siempre, disciplinarnos, aleccionarnos, incluso curarnos (curando de paso el planeta con una extinci\u00f3n parcial o total de la especie, un bals\u00e1mico crep\u00fasculo del antropoceno). La catastrofolog\u00eda light se impuso como el mood de la incipiente edad sanitaria. Exagerar lo tr\u00e1gico de la situaci\u00f3n volv\u00eda aun m\u00e1s tonificante la farsa organizada de la superaci\u00f3n (as\u00ed de hist\u00e9ricos, as\u00ed de c\u00ednicos somos). Los pol\u00edticos empezaron a hablarnos como a un manso reba\u00f1o de idiotas: tardar\u00e9 meses en recuperarme de la escucha diaria de sus parlamentos a la naci\u00f3n, cargaditos de \u00e9pica barata y de un cretinismo conceptual que resulta denigrante para cualquier inteligencia media. En muchos aspectos, la Covid no nos complic\u00f3 la cosmovisi\u00f3n: la simplific\u00f3. Demostr\u00f3 sin lugar a duda que la tentaci\u00f3n de la banalidad es m\u00e1s viral que cualquier agente biol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Agitado como un manojo de zanahorias por pol\u00edticos tan patentemente mal intencionados y tan cabalmente incapaces, el mito reciente de la Nueva Normalidad (NN) es tan s\u00f3lo la prolongaci\u00f3n gubernamental de la misma idiotez religiosa que persuadi\u00f3 tantos a subirse dr\u00e1sticamente al tren de la exageraci\u00f3n, a pescar pasmosamente en los nuevos caudales de la pol\u00edtica emocional. La Nueva Normalidad no promete ser ni m\u00e1s justa y laica &#8211; ni m\u00e1s normal &#8211; que la Vieja Anormalidad. Un razonable indicio de mejora hubiera sido, ante el m\u00e1ximo estr\u00e9s de los primeros d\u00edas de confinamiento, abordar con m\u00e1s pudor y menos prisa la imperiosa necesidad de proferir chorradas, ejercer con m\u00e1s discreci\u00f3n la irresistible tentaci\u00f3n de hacer poes\u00eda de la barata y descartar por absurda la hip\u00f3tesis de que los cuatro trepas sin ideas ni ideales llamados a gobernarnos se convirtieran de pronto en personas respetables y honradas: \u00bfAcaso no son ellos quienes, con tal de embellecer su estrategia de respuesta a la crisis, optaron por restar al recuento de fallecidos los miles de yayos y yayas que murieron sin que se les dijera de qu\u00e9?; \u00bfNo son ellos quienes designan como madrina del luto colectivo el mismo rey que aprovech\u00f3 el barrido emocional de la Covid para empujar debajo de la alfombra la corrupci\u00f3n de todo su linaje? Quienes se negaron a investigarlo en el preciso instante en el que hacerlo hubiera sido moralmente imperativo?<\/p>\n<p>Antes al contrario, en un momento de convergencia inaudita y sospechosa entre la mentalidad colectiva y las consignas institucionales,\u00a0 la respuesta de ambos sectores, el imaginario y el gubernamental,\u00a0 ha sido tempestiva, narrativa, pintoresca y supersticiosa: un ejercicio de medicina preventiva y defensiva que, sin siquiera medirlas o saborearlas, se adelantaba a las presuntas revelaciones espirituales de la Covid con todo el cochambroso arsenal de sus inmunolog\u00edas, de sus primicias anal\u00edticas, de sus diagn\u00f3sticos culturales y recetarios vitales. Era obvio que un gobierno totalmente inepto para las respuestas racionales y pragm\u00e1ticas echara mano de todos los talismanes y fetiches del caso: una ensalada ilustrada de patria, ej\u00e9rcito, unidad y catecismos solidarios de tres al cuarto. Puesto que la incapacidad de reacciones sosegadas y reales aviva infaliblemente la concitaci\u00f3n de las reacciones ilusorias, Covid ha inaugurado una ef\u00edmera edad de estoicismo espectacular y hacendosa impotencia. Imposible no pensar en la muerte ingloriosa de la emperatriz Sissi (la verdadera &#8211; olvidad Romy Schneider -):\u00a0 sumida en los quehaceres de un fren\u00e9tico shopping por las avenidas ginebrinas &#8211;\u00a0 era consumidora compulsiva -, tras recibir por la espalda la cuchillada de un anarquista, la emperatriz recorri\u00f3 hacendosamente los veinte metros que la separaban de la tienda m\u00e1s cercana, sin caer en la cuenta de que ya estaba muerta. Finalmente se desplom\u00f3. Los runners\u00a0 conversos y los deportistas de nuevo cu\u00f1o que plagan nuestras avenidas ofrecen a destiempo una versi\u00f3n millennial de aquel ep\u00edlogo de una emperatriz demente, optimista y proactiva: ha colado sin fricciones la idea de que, en el men\u00fa de prioridades insoslayables de la humanidad (des)confinada y terminal, &#8220;hacer deporte&#8221; sea el plato principal, y &#8220;correr&#8221; una panacea universal. Covid positiviza la cosmovisi\u00f3n. Covid estimula la presi\u00f3n hidr\u00e1ulica del optimismo. Al mismo s\u00edndrome de aceleraci\u00f3n defensiva y optimismo hidr\u00e1ulico remite la casi totalidad de las estampas de las \u00faltimas semanas: el tempestivo canto de esperanza y superaci\u00f3n que musicaliza los media; el kitsch insuperable de las melod\u00edas edificantes en los reportajes gubernamentales sobre muertos y contagios; la sonrisita-lagrimita de los diarios y anecdotarios de confinamiento; las ovaciones de precepto a los h\u00e9roes de la sanidad, que la clase pol\u00edtica &#8211; ducha en ponerse medallas no suyas &#8211; acoge con complacencia un\u00e1nime, porque\u00a0 la calidez del aplauso colectivo quita energ\u00eda a la protesta leg\u00edtima contra un gobierno que obliga los sanitarios a ser h\u00e9roes; el tele-refr\u00e1n acuciante del &#8220;unidos-salvar-vidas&#8221;, que apaga todos los interruptores de la dial\u00e9ctica;\u00a0 la hueste acechante de los fil\u00f3sofos de suplemento dominical, m\u00e1s que dispuestos a suministrarnos cada d\u00eda el paliativo de sus an\u00e1lisis endebles; el entusiasmo rampante de un ej\u00e9rcito de psic\u00f3logos, educadores, operadores que prometen velar por nuestra &#8220;salud emocional&#8221; &#8211; no puede ya encenderse ning\u00fan aparato dom\u00e9stico, televisor, radio o secador de pelo, sin verse embestidos por el aliento c\u00e1lido de sus majader\u00edas -; la miseria mental de las agencias de cualificaci\u00f3n universitaria que decretan con espeluznante optimismo una rauda telematizaci\u00f3n de toda la ense\u00f1anza porque con rellenar cuatro Excels creen cumplir los requisitos de excelencia; y, por supuesto, la tremenda oleada de ciberoralidad y cibercreatividad que abarrota las redes.<\/p>\n<p>As\u00ed,\u00a0 mientras cunde la pr\u00e1ctica acelerada de invocar la desaceleraci\u00f3n, y mientras &#8220;compartimos la experiencia de la soledad&#8221; en mosaicos Zoom de hasta 100 rect\u00e1ngulos faciales, las Mary Poppins de la administraci\u00f3n lamentan el car\u00e1cter &#8220;adulto-c\u00e9ntrico&#8221; del estado de alarma (los peques siempre tienen tir\u00f3n pol\u00edtico) para tergiversar el verdadero significado de la operaci\u00f3n pol\u00edtica actual: una maniobra masiva y sin precedentes de infantilizaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n adulta. Tras haberla mentalmente entorpecido con cuatro d\u00e9cadas de biopol\u00edtica neoliberal, se logra ahora inducirla con cuatro meses de biop\u00e1nico a aceptar como un monaguillo la consigna imperiosa de dejarse nurserificar; a renacer para disfrutar los beneficios de una infancia permanente. Y a brindar l\u00fadicas demostraciones de vitalidad resiliente.<\/p>\n<p>Justamente por eso, m\u00e1s que de la calidad de la respuesta en s\u00ed, los actores del dram\u00f3n interactivo se enorgullecen de su rapidez en responder. Ya que el confinamiento pod\u00eda abrir peligrosos horizontes a la independencia del pensamiento, curarnos del riesgo de pensar demasiado se ha convertido en una clase in\u00e9dita de caridad. La pandemia proporciona a d\u00eda de hoy el en\u00e9simo pretexto de desplegar con armas pesadas un paradigma ya decr\u00e9pito de inmediatez: virus digno de una edad gobernada por la viralidad de los simulacros de actancia y de acci\u00f3n, Covid es un challenge globalizado y globalizador. Mejor que el planking, el cubo de agua helada y el selfie de riesgo. Gan\u00f3 un puesto eminente en los anales del surrealismo occidental quien decidi\u00f3 bautizar #Joactuo la mayor campa\u00f1a de la historia en pro del apalancamiento inmunol\u00f3gico. Seguramente su \u00e9xito se deba a que la sem\u00e1ntica del verbo actuar tiene un pie en la acci\u00f3n y otro en la performance. Covid nos ha vuelto horrendamente ocurrentes. Las ciudades coviduas y sus animales salidos de madre contemplan no sin perplejidad el penoso espect\u00e1culo de nuestro frenes\u00ed, de nuestra solidaridad espectacular, de nuestra gesti\u00f3n de las manufacturas dom\u00e9sticas de subjetividad, de nuestro teletrabajo autopo\u00e9tico. El resultado es que no hay ni paz ni el tiempo de descubrir que la libertad de aburrirse, la de angustiarse sin bandas sonoras ni escenograf\u00edas de signos, la de no tener ni buscar compa\u00f1\u00eda, la de no ser ni creativos ni ocurrentes forman parte de la cosa llamada paz. Un consuelo que se anticipa a cualquier duelo no es un consuelo. Las respuestas demasiado r\u00e1pidas no contestan nunca preguntas nuevas. Atestiguan, si acaso, de una terrible incapacidad de duelo. Y la incapacidad de duelo real es el rasgo inconfundible de sociedades, como la nuestra, esencialmente desesperadas.<\/p>\n<p>A d\u00eda de hoy la \u00fanica consecuencia genuina de la Covid es una colectividad casi totalmente incapaz de cr\u00edtica: aterrada, enternecida, apocada (y ahora mismo tan tierna y auto-heroica como maniquea y dispuesta a la delaci\u00f3n). No veo que de una colectividad tan &#8220;ortogonalizada&#8221; puedan esperarse normalidades que sean nuevas. Me resulta deprimente constatar con qu\u00e9 facilidad, administr\u00e1ndoles la en\u00e9sima de las simplificaciones, se pudo alistar los ciudadanos a la &#8220;guerra total\u00a0 contra una mol\u00e9cula cubierta de grasa (que mata a decenas de miles), mientras es tan dif\u00edcil federar su hostilidad contra las pol\u00edticas de agentes concretos y humanos (que matan a millones).<\/p>\n<p>No veo que a este arsenal de simplificaciones m\u00edticas y atajos emocionales pueda responder de manera vibrante vibrante y oblicua una Cultura que, al fin y al cabo, reivindica sus migajas del pastel, acepta desde el primer instante la hip\u00f3tesis de su propia marginalidad, y proclama pasmosamente el derecho a contribuir ella tambi\u00e9n al epos miserable de una &#8220;lucha unitaria contra el virus y sus efectos espirituales&#8221;. Lo dice incluso la tele: la Cultura tamb\u00e9 ens salva. La cosa es que la Cultura no nos ha salvado, hasta la fecha, de un mont\u00f3n de cosas bastante m\u00e1s temibles que un virus y un confinamiento: lleva una buena mitad di siglo siendo totalmente inocua y pol\u00edticamente endeble. Su auto-propaganda soteriol\u00f3gica es si acaso la expresi\u00f3n hist\u00e9rica, aut\u00f3gena, supersticiosa de una inanidad ya muy asentada. Mientras defiende el argumento d\u00e9bil de su necesidad primaria, present\u00e1ndose compactamente como otro sector de servicios (que es lo que los pol\u00edticos quieren que sea); y mientras apela en el fondo a la falsa conciencia de las almas bellas del imperio, el sector no mueve casi dedo para exigir que se formalice de una vez por todas la necesidad de volver econ\u00f3micamente marginales fen\u00f3menos como la monarqu\u00eda, el ej\u00e9rcito o el tratamiento salarial de los pol\u00edticos. O para declarar que, si la justicia social fuera un hecho, incluso en tiempos de pandemia ser\u00eda superfluo elucubrar sobre la utilidad social de las artes. Una sociedad se mide por los valores que no somete a revisi\u00f3n. Y una cultura gana credibilidad no por las cosas que pide, sino por c\u00f3mo sabe exigirlas. De no ser as\u00ed, su disidencia ser\u00e1 igual de despreciable que la falsa disidencia de esas izquierdas cosm\u00e9ticas que en este momento ganan\u00a0 votos escribiendo cartas a los reyes y al rey. El grito un\u00e1nime &#8220;La Cultura primero&#8221; no es en este aspecto menos pol\u00edticamente sedante que el un\u00e1nime &#8221; la salud primero&#8221; en cuyo signo se ha perge\u00f1ado la tremenda contracci\u00f3n de libertades de las \u00faltimas semanas, ni menos gen\u00e9rico que la invitaci\u00f3n un\u00e1nime &#8220;a correr a la calle&#8221; que extingue de entrada o posterga a tiempos mejores cualquier uso an\u00f3mico o idiosincr\u00e1sico de la calle misma. Por mucho que mire con nostalgia a la pr\u00f3rroga de la presunta &#8220;socialidad mediterr\u00e1nea&#8221; [sic], Covid es una fiesta de est\u00e9ticas relacionales: porque se basa precisamente en subsumir bajo la afectividad de las relaciones literales o suced\u00e1neas, y bajo la performance est\u00e9tica de esas relaciones, cualquier uso &#8220;personal&#8221; y pol\u00edtico &#8211; antes que po\u00e9tico y sentimentalista &#8211; del momento presente. Deportiva y religiosa a la vez, la Cultura-en-tiempos-de-Covid se sube a este exterminio de la subjetividad pol\u00edtica como otro &#8220;ministerio de la relacionalidad y los afectos&#8221;. Mitad del tiempo que quise, durante el confinamiento, dedicar a la lectura, se vio intoxicado por la necesidad profesional de fruir la tit\u00e1nica oferta de productos online dirigidos a paliar la tragedia de no poder acudir a &#8220;eventos culturales&#8221;. Por mucho que consumir teatro virtual sea beneficioso (m\u00e1s beneficioso, quiz\u00e1, que leer libros reales) es indudable que garantir su erogaci\u00f3n continua ha conseguido avalar en los pol\u00edticos una fuerte tentaci\u00f3n de declarar m\u00e1s que suficiente esta second life telem\u00e1tica de la experiencia cultural. Bienvenidos al siglo XXI, a la nueva precariedad y a la vieja irrealidad. Lo que nunca se ha ido no puede &#8220;volver&#8221;. S\u00f3lo volver\u00e1 debilitado por su incapacidad de irse.<\/p>\n<p>No hay atisbo de defensa del silencio de las artes en una coyuntura que, literalmente, pide a gritos un poco de silencio. De hecho, el sector se ve tan chantajeado por la inminente vuelta de tuerca de las maniobras neoliberales de precarizaci\u00f3n que pr\u00e1cticamente nadie se atreve a afirmar que bajo ning\u00fan concepto, en una sociedad decente, el silencio necesario de las artes supondr\u00eda la inanici\u00f3n de artistas silenciosos y trabajadores confinados. No hay defensa de la &#8220;lentitud&#8221; de las formas. Y frente a mil voluntariosas demostraciones de telepresencia de las artes en vivo, no hay ni rasgo de sus poderes de teleausencia. Cedimos a un chantaje cuando, en lugar de exigir los derechos m\u00ednimos de una inactividad excepcional, nos arrimamos al mito cuantitativo del teletrabajo. Cedimos a un chantaje cuando en lugar de reivindicar un sacrosanto derecho a la inactividad, nos apresuramos a dar prueba de nuestra productividad suced\u00e1nea.<\/p>\n<p>Asisto con desconcierto a las prisas con las que, en nombre de una idea\u00a0 supersticiosa, deportiva y pol\u00edticamente deste\u00f1ida de Cultura, todo el sector corre a incluirse con argumentaciones esquizoides\u00a0 en el cat\u00e1logo \u00e9pico de la actancia (los h\u00e9roes de la pandemia) y de la victimolog\u00eda (los afectados por ella). Resulta que s\u00f3lo la Cultura nos puede salvar y al mismo tiempo s\u00f3lo la Cultura paga el precio de la recesi\u00f3n; los \u00e1ngeles jurar\u00e1n que la Cultura se vuelve v\u00edctima porque quieren impedirle redimirnos y salvarnos; los diablos rebatir\u00e1n que la Cultura se vuelve v\u00edctima porque hace tiempo que ha antepuesto cierto victimismo a la hip\u00f3tesis de redimirnos concretamente; y que Covid ha aumentado la magnitud de este victimismo grato a la instituciones, sin cambiar su sustancia. Hacerse la v\u00edctima y el h\u00e9roe es parte del rol que los gobiernos piden a la Cultura de interpretar a diario. Hoy mismo es parte del rol que piden interpretar a cualquier ciudadano o ciudadana. El virus pide polarizaciones y dramatizaciones. As\u00ed, los mismos que deliberan sobre nuestras necesidades vitales ratifican a diario y hartan a suced\u00e1neos una improrrogable &#8220;necesidad de Cultura&#8221;.<\/p>\n<p>Por eso, no voy a predicar aqu\u00ed las virtudes inmunol\u00f3gicas de la danza. Muchos insistir\u00e1n en presentarla como otra terapia acelerada para un mundo apenado &#8211; por no decir la mejor terapia (el sector tiende siempre a exagerar un poco su rol) -. Veo venir ristras de patra\u00f1as sobre la &#8220;coreopol\u00edtica en tiempos de distanciamiento social&#8221;. Pero la doctrina coreopol\u00edtica es en realidad un lindo cat\u00e1logo de amuletos metaf\u00f3ricos, y adaptarla a la nueva norma prox\u00e9mica (chanchando de espacios, cercan\u00eda, contacto y desaf\u00edo a la nueva dogm\u00e1tica del espacio p\u00fablico y compartido) significar\u00e1 solo, una vez m\u00e1s, haber cambiado la pol\u00edtica por m\u00e1s inmunolog\u00eda sustitutiva, m\u00e1s planes de choque, m\u00e1s falsos consuelos, m\u00e1s autoenga\u00f1os ideol\u00f3gicos, m\u00e1s revoluciones cosm\u00e9ticas. Es simplemente denigrante que, mientras nadie se pregunta en qu\u00e9 medida la Covid afectar\u00e1 nuestra manera de jugar al f\u00fatbol (cuyo retorno se nos anuncia como una especie de redenci\u00f3n), corra ya como la p\u00f3lvora la pregunta de c\u00f3mo la Covid-19 modificar\u00e1 nuestra manera de bailar, de hacer teatro. No se trata s\u00f3lo de constatar, como no se cansan de repetirnos, que la Cultura paga el precio m\u00e1s alto de las crisis; sino de ver en qu\u00e9 medida, una vez m\u00e1s, se pida a la artes de dar buenos ejemplos de &#8220;adaptabilidad&#8221;. La frontera entre la astucia de convertir un l\u00edmite en una raz\u00f3n po\u00e9tica y la debilidad de adelantarse voluntariosa y creativamente a una restricci\u00f3n cuestionable es muy sutil.<\/p>\n<p>Asimismo, describir la Covid como una pandemia coreogr\u00e1fica, y hablar de coreo-poderes en relaci\u00f3n a las censuras cin\u00e9ticas y a las log\u00edsticas gubernamentales de contacto que ha permitido perge\u00f1ar con el vistobueno de casi toda la poblaci\u00f3n, es una banalidad que, como buena parte de la letan\u00eda coreopol\u00edtica, defiende un concepto extraordinariamente pobre de qu\u00e9 es, de qu\u00e9 ha sido, y de qu\u00e9 ser\u00e1 la coreograf\u00eda. Es m\u00e1s, autoriza a creer que el nec plus ultra de los revulsivos coreopol\u00edticos a las actuales limitaciones que sufre el movimiento ser\u00e1 extralimitarlo (como si la hiper-movilidad del mundo pre-pandemia no fuese parte del problema). Y asentar\u00e1 una vez m\u00e1s en t\u00e9rminos planamente asertivos la relaci\u00f3n entre danza y movimiento, deduciendo de la expresi\u00f3n &#8220;libertad de movimiento&#8221; la misma ecuaci\u00f3n de libertad y movimiento que estimula los apetitos del capitalismo zombi. El resultado ser\u00e1, ante las econom\u00edas cin\u00e9ticas impuestas por los gobiernos, hacer econom\u00eda de la idea de danza y, rest\u00e1ndole complejidad, convertirla en una especie de &#8220;econom\u00eda verde&#8221; del movimiento. El resultado ser\u00e1 haber antepuesto por en\u00e9sima vez la peor de las curas a la mejor de las enfermedades; y una necesidad mentirosa a una frivolidad ver\u00eddica.<\/p>\n<p>He optado por desacelerar el amor que le tengo a la danza porque creo que ambos &#8211; mi amor y la danza &#8211; pertenecen menos a la historia de la velocidad que a la de la lentitud; menos a la misi\u00f3n de extra-limitar el movimiento, que a la astucia de tergiversar el significado de las distancias m\u00e9tricas, y convertir en puntos atractores las barreras que las definen; menos al deber de abrir puertas, que al placer de articular umbrales;\u00a0 menos a la impaciencia de reducir la distancia o a la paciencia de aceptarla que a la inquietud de plasmarla; y de plasmarla en gestos lejanos, enigm\u00e1ticos, ambivalentes, supervivientes y residuales como parpadeos de luci\u00e9rnagas, pulsaciones de faros. No ha sido nunca tan actual la frase que Walter Benjamin escribi\u00f3 ante el ascenso espectacular del nazismo: &#8220;Fijemos desde ahora las se\u00f1ales que intercambiaremos en la oscuridad que se cierne&#8221;. Porque anochece. Y detectar signos, depurar significados ser\u00e1, en la noche que se nos viene encima, una cuesti\u00f3n de imprudencia razonable, o de irrazonable impudencia. Como cuando, justamente, abrazamos un amigo por creer que el concepto de amistad se resiste al baremo de la &#8220;distancia social&#8221;. Como cuando practicamos, con razonable imprudencia, las mil formas de intimidad asocial que conocemos. la danza es una de ellas. Puede que su silencio constitutivo &#8211; pues la danza es un lenguaje silencioso\u00a0 &#8211; sea una buena aproximaci\u00f3n al tipo de lucidez y lentitud, de t\u00e1cita impudencia que precisaremos cuando vuelvan a gritarnos &#8220;Schnell!&#8221;.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos meses tuve el privilegio de disponer de una terraza para pasar el mal trago. Intento cada d\u00eda, entre v\u00eddeo-conferencias y otras clases de ciberataques solidarios,\u00a0 no ser indigno de las flores que, sin anunciarse como milagros, siguen brotando impasiblemente de mis plantas. En dos meses no he tenido emoci\u00f3n m\u00e1s concreta que la de sorprender el gesto lento, la danza furtiva de esta eclosi\u00f3n, sorprendiendo la luz y los patrones de sombra en las cocinas de mis vecinos. En dos meses he maullado t\u00edmidamente, como un gato de Schr\u00f6dinger, un razonable derecho a la indeterminaci\u00f3n. Cualquier soledad, en este confinamiento, es una caja cerrada. O la caja negra del desastre que nos contaron. Y la llave est\u00e1 dentro.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Roberto Fratini<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Respuesta del te\u00f3rico de la danza Roberto Fratini a la pregunta:<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><em>La pandemia de la COVID-19 ha supuesto un antes y un despu\u00e9s en nuestras vidas y ha colocado el cuerpo en un espacio de fragilidad y de amenaza constante, de manera que las relaciones entre las personas y el espacio que ocupan cobran un relieve especial. Desde esta consciencia, \u00bfde qu\u00e9 manera podemos leer hoy tu trabajo (tu obra art\u00edstica o de pensamiento) y qu\u00e9 posibilidades de desarrollo ves para la danza?<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8220;Puede que su silencio constitutivo &#8211; pues la danza es un lenguaje silencioso  &#8211; sea una buena aproximaci\u00f3n al tipo de lucidez y lentitud, de t\u00e1cita impudencia que precisaremos&#8221;<\/p>\n","protected":false},"featured_media":115729,"template":"","categoria":[6923],"etiqueta_blog":[],"class_list":["post-115727","blog","type-blog","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","categoria-reflexions-entorn-dun-confinament"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v22.6 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>ROBERTO FRATINI<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"&quot;Puede que su silencio constitutivo - pues la danza es un lenguaje silencioso - sea una buena aproximaci\u00f3n al tipo de lucidez y lentitud, de t\u00e1cita impudencia que precisaremos&quot;\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/develop.mercatflors.cat\/en\/blog\/reflexions-entorn-dun-confinament-roberto-fratini\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"en_US\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"ROBERTO FRATINI\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"&quot;Puede que su silencio constitutivo - 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